sábado, 4 de abril de 2015

L’angoscia di una assenza. Meditazioni sul Sabato Santo del cardinale Joseph Ratzinger

PRIMA MEDITAZIONE
zzzsbsnt1Con sempre maggior insistenza si sente parlare nel nostro tempo della morte di Dio. Per la prima volta, in Jean Paul, si tratta solo di un sogno da incubo: Gesù morto annuncia ai morti, dal tetto del mondo, che nel suo viaggio nell’aldilà non ha trovato nulla, né cielo, né Dio misericordioso, ma solo il nulla infinito, il silenzio del vuoto spalancato. Si tratta ancora di un sogno orribile che viene messo da parte, gemendo nel risveglio, come un sogno appunto, anche se non si riuscirà mai a cancellare l’angoscia subita, che stava sempre in agguato, cupa, nel fondo dell’anima. Un secolo dopo, in Nietzsche, è una serietà mortale che si esprime in un grido stridulo di terrore: «Dio è morto! Dio rimane morto! E noi lo abbiamo ucciso!». Cinquant’anni dopo, se ne parla con distacco accademico e ci si prepara a una “teologia dopo la morte di Dio”, ci si guarda intorno per vedere come poter continuare e si incoraggiano gli uomini a prepararsi a prendere il posto di Dio. Il mistero terribile del Sabato santo, il suo abisso di silenzio, ha acquistato quindi nel nostro tempo una realtà schiacciante. Giacché questo è il Sabato santo: giorno del nascondimento di Dio, giorno di quel paradosso inaudito che noi esprimiamo nel Credo con le parole «disceso agli inferi», disceso dentro il mistero della morte. Il Venerdì santo potevamo ancora guardare il trafitto. Il Sabato santo è vuoto, la pesante pietra del sepolcro nuovo copre il defunto, tutto è passato, la fede sembra essere definitivamente smascherata come fanatismo. Nessun Dio ha salvato questo Gesù che si atteggiava a Figlio suo. Si può essere tranquilli: i prudenti che prima avevano un po’ titubato nel loro intimo se forse potesse essere diverso, hanno avuto invece ragione.
Sabato santo: giorno della sepoltura di Dio; non è questo in maniera impressionante il nostro giorno? Non comincia il nostro secolo a essere un grande Sabato santo, giorno dell’assenza di Dio, nel quale anche i discepoli hanno un vuoto agghiacciante nel cuore che si allarga sempre di più, e per questo motivo si preparano pieni di vergogna e angoscia al ritorno a casa e si avviano cupi e distrutti nella loro disperazione verso Emmaus, non accorgendosi affatto che colui che era creduto morto è in mezzo a loro?leggere...

terça-feira, 17 de março de 2015

Benedicto XVI : el culto del Santísimo Sacramento constituye el ‘ambiente’ espiritual en el cual la comunidad puede celebrar bien y en verdad la Eucaristía.

- Homilía de Benedicto XVI en la misa del Corpus Christi -

Como todos los años en la solemnidad del Corpus Christi, el Santo Padre Benedicto XVI presidió   la Santa Misa en el atrio de la Basílica de San Juan de Letrán –Catedral de Roma– de la que el Papa es su Obispo.
El Papa reflexionó en su homilía sobre dos aspectos del Misterio eucarístico, entrelazados entre sí: el culto de la Eucaristía y su sacralidad.
Después de la ceremonia litúrgica, el Pontífice presidió la tradicional procesión eucarística desde la basílica de san Juan de Letrán a la basílica romana de Santa María la Mayor, a través de la Via Merulana. Y regresó a la Ciudad del Vaticano alrededor de las nueve y media de la noche.
Compartimos a continuación, el texto completo de su homilía de hoy:
¡Queridos hermanos y hermanas!
Esta tarde, quisiera meditar con vosotros sobre dos aspectos, entrelazados entre sí, del Misterio eucarístico: el culto de la Eucaristía y su sacralidad. Es importante volver a tomarlos en consideración para preservarlos de visiones incompletas del mismo Misterio, como las que se han verificado en el pasado reciente.
Ante todo, una reflexión sobre el valor del culto eucarístico, en particular de la adoración del Santísimo Sacramento. Es la experiencia, que viviremos también esta tarde, después de la Misa, antes de la procesión, durante su desarrollo y cuando termine. Una interpretación unilateral del Concilio Vaticano II ha penalizado esta dimensión, restringiendo prácticamente la Eucaristía al momento de la celebración. En efecto, fue muy importante reconocer la centralidad de la celebración, en la que el Señor convoca a su pueblo, lo reúne alrededor de la dúplice mesa de la Palabra y del Pan de vida, lo alimenta y lo une a Sí, en la oferta del Sacrificio. 

Esta valoración de la asamblea litúrgica, en la que el Señor obra y realiza su misterio de comunión, permanece naturalmente válida, pero se debe colocar en su justo equilibrio. En efecto – como sucede a menudo – queriendo subrayar un aspecto, se acaba con sacrificar otro. En este caso, la acentuación realizada sobre la celebración de la Eucaristía ha disminuido la adoración, como acto de fe y de oración dirigido al Señor Jesús, realmente presente en el Sacramento del altar. Este desequilibrio ha tenido repercusiones también sobre la vida espiritual de los fieles. En efecto, concentrando toda la relación con Jesús eucaristía sólo en el momento de la Santa Misa, se corre el riesgo de vaciar de su presencia el resto del tiempo y del espacio existenciales. Y, de este modo, se percibe menos el sentido de la presencia constante de Jesús en medio de nosotros y con nosotros – una presencia concreta, cercana, entre nuestras casas, como «Corazón que late» de la ciudad, del país y del territorio, con sus distintas expresiones y actividades. El Sacramento de la Caridad de Cristo debe permear toda la vida cotidiana.
En realidad, es un error contraponer la celebración y la adoración, como si estuvieran en competencia la una contra la otra. Es precisamente, todo lo contrario: el culto del Santísimo Sacramento constituye el ‘ambiente’ espiritual en el cual la comunidad puede celebrar bien y en verdad la Eucaristía. Sólo si está precedida, acompañada y seguida por esta conducta interior de fe y de adoración, la acción litúrgica puede expresar su pleno significado y valor. 

El encuentro con Jesús en la Santa Misa se realiza verdadera y plenamente cuando la comunidad es capaz de reconocer que Él, en el Sacramento, habita su casa, nos espera, nos invita a su mesa y, luego, una vez que la asamblea se ha disuelto, permanece con nosotros, con su presencia discreta y silenciosa, y nos acompaña con su intercesión, y sigue recogiendo nuestros sacrificios espirituales y ofreciéndolos al Padre.
En este contexto, me complace subrayar la experiencia que viviremos esta tarde juntos. En el momento de la adoración, estamos todos en el mismo plano, de rodillas ante el Sacramento del Amor. El sacerdocio común y el ministerial se encuentran unidos en el culto eucarístico. Es una experiencia muy bella y significativa, que hemos vivido varias veces en la Basílica de San Pedro y también en las inolvidables vigilias con los jóvenes –recuerdo, por ejemplo las de Colonia, Londres, Zagreb y Madrid. Es evidente para todos que estos momentos de vigilia eucarística preparan la celebración de la Santa Misa, preparan los corazones al encuentro, de forma que éste resulta más fructuoso. Estar todos en silencio prolongado ante el Señor presente en su Sacramento es una de las experiencias más auténticas de nuestro ser Iglesia, que se acompaña de forma complementaria con la de celebrar la Eucaristía, escuchando la Palabra de Dios, cantando, acercándose juntos a la mesa del Pan de vida. 

No se pueden separar –van juntas– la comunión y la contemplación. Para comunicar verdaderamente con otra persona, tengo que conocerla, saber estar en silencio cerca de ella, escucharla, mirarla con amor. El verdadero amor y la verdadera amistad viven siempre esta reciprocidad de miradas, de silencios intensos, elocuentes, llenos de respeto y de veneración, de forma que el encuentro se viva profundamente, de modo personal y no superficial. Y, lamentablemente, si falta esta dimensión, también la misma comunión sacramental puede llegar a ser, de parte nuestra, un gesto superficial. Sin embargo, en la verdadera comunión, preparada por el coloquio de la oración y de la vida, podemos decirle al Señor palabras de confianza, como las que resonaron hace poco en el Salmo responsorial: «Yo, Señor, soy tu servidor, tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre del Señor» (Sal 116, 16-17).Ahora quisiera pasar, brevemente, al segundo aspecto: la sacralidad de la Eucaristía. También aquí hemos sufrido, en el pasado reciente, un malentendido sobre el mensaje auténtico de la Sagrada Escritura. La novedad cristiana en lo que respecta al culto recibió el influjo de cierta mentalidad secularista, de los años sesenta y setenta del siglo pasado. Es verdad, y permanece siempre válido, que el centro del culto ya no está en los ritos y en los sacrificios antiguos, sino en Cristo mismo, en su persona, en su vida, en su misterio pascual. Y, sin embargo, de esta novedad fundamental no se debe deducir que lo sagrado ya no existe, sino que ha encontrado su cumplimiento en Jesucristo, Amor divino encarnado. La Carta a los Hebreos, que escuchamos esta tarde en la segunda Lectua, nos habla precisamente de la novedad del sacerdocio de Cristo, «Sumo Sacerdote de los bienes futuros» (Hb 9, 11), pero no dice que el sacerdocio haya terminado. Cristo «es mediador de una Nueva Alianza» (Hb 9, 15), establecida en su sangre, que purifica «nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte» (Hb 9, 14). Él no abolió lo sagrado, sino que lo llevó a su cumplimiento, inaugurando un culto nuevo, que aun siendo verdaderamente espiritual, mientras estemos en camino en el tiempo, se sirve todavía de signos y de ritos, que desaparecerán sólo al final, en la Jerusalén celeste, donde ya no habrá ningún templo (cfr Ap 21,22) ¡Gracias a Cristo, la sacralidad es más verdadera, más intensa, y, como sucede para los mandamientos, más exigente! No basta la observancia ritual, sino que se requiere la purificación del corazón y la implicación de la vida.
Me complace también subrayar que lo sagrado tiene una función educativa y que su desaparición empobrece, inevitablemente, la cultura, en particular, la formación de las nuevas generaciones. Si, por ejemplo, en nombre de una fe secularizada, que no requiera signos sagrados, se aboliera esta procesión ciudadana del Corpus Domini, el perfil espiritual de Roma quedaría ‘mermado’ y nuestra conciencia personal y comunitaria quedaría debilitada. O, pensemos también en una mamá y en un papá que, en nombre de una fe desacralizada, privaran a sus hijos de toda ritualidad religiosa: en realidad, acabarían por dejar el campo libre a tantos subrogados presentes en la sociedad del consumo, a otros ritos y a otros signos, que con mayor facilidad se pueden volver ídolos. Dios, nuestro Padre, no hizo lo mismo con la humanidad: envió a su Hijo al mundo, no para abolir, sino para dar cumplimiento también a lo sagrado. En el culmen de esta misión, en la Última Cena, Jesús instituyó el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, el Memorial de su Sacrificio pascual. De este modo, Él se puso a Sí mismo en lugar de los sacrificios antiguos, pero lo hizo en el interior de un rito, que mandó perpetuar a los Apóstoles, como signo supremo y verdadero de lo Sagrado, que es Él mismo. Con esta fe, queridos hermanos y hermanas, nosotros celebramos hoy y cada día el Misterio eucarístico y lo adoramos como centro de nuestra vida y corazón del mundo. Amén 

sábado, 14 de março de 2015

SUA SANTIDADE BENTO XVI : a relação com Deus é essencial na nossa vida. Sem ela, falta-nos a relação fundamental, que só se realiza no falar com Deus, na oração pessoal diária e com a participação nos Sacramentos





SUA SANTIDADE BENTO XVI : a relação com Deus é essencial na nossa vida. Sem ela, falta-nos a relação fundamental, que só se realiza no falar com Deus, na oração pessoal diária e com a participação nos Sacramentos

 
PAPA BENTO XVI
AUDIÊNCIA GERAL
Castel Gandolfo
Quarta-feira, 1° de Agosto de 2012


Santo Afonso Maria de Ligório e a oração

Queridos irmãos e irmãs!

Celebramos hoje a memória litúrgica de santo Afonso Maria de Ligório, Bispo e Doutor da Igreja, fundador da Congregação do Santíssimo Redentor, Redentoristas, padroeiro dos estudiosos de teologia moral e dos confessores. Afonso é um dos santos mais populares do século XVIII, devido ao seu estilo simples e imediato e à sua doutrina sobre o sacramento da Penitência: num período de grande rigorismo, fruto da influência jansenista, ele aconselhava aos confessores que administrassem este Sacramento manifestando o abraço jubiloso de Deus Pai, que na sua misericórdia infinita não se cansa de acolher o filho arrependido. A celebração hodierna oferece-nos a ocasião para reflectir sobre os ensinamentos de santo Afonso acerca da oração, extremamente preciosos e cheios de alento espiritual. Remonta ao ano de 1759 o seu tratado Do grande meio da Oração, que ele considerava o mais útil de todos os seus escritos. De facto, descreve a oração como «o meio necessário e seguro para alcançar a salvação e todas as graças das quais temos necessidade» (Introdução). Nesta frase está sintetizado o modo afonsiano de compreender a oração.

Antes de tudo, afirmando que é um meio, chama-nos para a meta a alcançar: Deus criou-nos por amor, para nos poder doar a vida em plenitude; mas esta meta, esta vida plena, por causa do pecado afastou-se, por assim dizer — como todos sabemos — e só a graça de Deus pode torná-la acessível. Para explicar esta verdade basilar e fazer entender de modo directo como é real para o homem o risco de «se perder», santo Afonso cunhou um famoso axioma, muito elementar, que diz:«Quem reza salva-se, quem não reza condena-se!». Comentando esta frase lapidar, acrescentava:«Enfim, salvar-se sem rezar é dificílimo, aliás impossível... mas rezando a salvação é algo garantido e facílimo» (II, Conclusão). E ainda: «Se não rezarmos, não teremos desculpas, porque a graça de rezar é concedida a cada um... se não nos salvarmos, toda a culpa será nossa, porque não rezámos» (ibid.). Portanto, ao dizer que a oração é um meio necessário, santo Afonso desejava fazer compreender que em cada situação da vida não se pode deixar de rezar, sobretudo nos momentos de provação e dificuldadeDevemos sempre bater à porta do Senhor, conscientes de que Ele cuida dos seus filhos, de nós, em tudo». Por conseguinte, somos convidados a não ter medo de recorrer a Ele e de lhe apresentar com confiança os nossos pedidos, na certeza de que obteremos aquilo de que precisamos.

Queridos amigos, esta é a questão central: o que é deveras necessário na minha vida? Respondo com santo Afonso: «A saúde e todas as graças que lhe são essenciais» (ibid); naturalmente, ele entende não só a saúde do corpo mas antes de tudo da alma, que Jesus nos doa. Mais do que qualquer coisa, temos necessidade da sua presença libertadora que torna deveras plenamente humana, e portanto cheia de alegria, a nossa existência. E só através da oração podemos acolhê-Lo, a sua Graça que, iluminando-nos em todas as situações, nos ajuda a discernir o verdadeiro bem e, fortalecendo-nos, torna eficaz também a nossa vontade, isto é, torna-a capaz de actuar o bem que conhecemos. Muitas vezes reconhecemos o bem, mas não somos capazes de o levar a cabo. Com a oração conseguimos realizá-lo. O discípulo do Senhor está consciente de que se encontra sempre exposto à tentação e não deixa de pedir ajuda a Deus na oração para a vencer.

Santo Afonso menciona o exemplo de são Filipe Néri — muito interessante — que «desde o primeiro momento quando despertava de manhã, dizia a Deus: “Senhor, mantende hoje as mãos sobre Filipe, pois caso contrário Filipe atraiçoar-vos-á”» (III, 3). Grande realista! Ele pede a Deus para manter a sua mão sobre ele. Também nós, conscientes da nossa fragilidade, devemos pedir a ajuda de Deus com humildade, confiando na riqueza da sua misericórdia. Num outro trecho, santo Afonso diz: «Nós somos pobres de tudo, mas se pedirmos já não seremos pobres. Nós somos pobres mas Deus é rico» (II, 4). E, nas pegadas de santo Agostinho, convida cada cristão a não ter medo de pedir a Deus, com as orações, a força que não possui, e que lhe é necessária para fazer o bem, na certeza de que o Senhor não nega a sua ajuda a quem lha pede com humildade (cf. III, 3). Prezados amigos, santo Afonso recorda-nos que a relação com Deus é essencial na nossa vida. Sem ela, falta-nos a relação fundamental, que só se realiza no falar com Deus, na oração pessoal diária e com a participação nos Sacramentos, e assim esta relação pode crescer em nós, pode aumentar em nós a presença divina que orienta o nosso caminho, que o ilumina e o torna seguro e sereno, até no meio das dificuldades e perigos. Obrigado!

Bento XVI : A fé constitui aquela adesão pessoal - que engloba todas as nossas faculdades - à revelação do amor gratuito e «apaixonado» que Deus tem por nós e que se manifesta plenamente em Jesus Cristo.

 

domingo, 1 de março de 2015

Bento XVI: “depois do Concílio Vaticano II, alguns estavam convencidos de que tudo era novo, que havia uma outra Igreja…”


Bento XVI: “depois do Concílio Vaticano II, alguns estavam convencidos de que tudo era novo, que havia uma outra Igreja…”



Nesse ponto, talvez seja útil dizer que também hoje existem visões segundo as quais toda a história da Igreja no segundo milênio teria sido um declínio permanente; alguns veem o declínio subitamente após o Novo Testamento. Na verdade, “Opera Christi non deficiunt, sed proficiunt” ["As obras de Cristo não retrocedem, não são enfraquecidas, mas progridem"]. O que seria a Igreja sem a nova espiritualidade dos Cistercienses, dos Franciscanos e Dominicanos, da espiritualidade de Santa Teresa de Ávila e de São João da Cruz, e assim por diante? Também hoje vale afirmar: “Opera Christi non deficiunt, sed proficiunt”, ide avante. São Boaventura nos ensina, pelo exemplo, o discernimento necessário, por vezes severo, do realismo sóbrio e da abertura a novos carismas doados por Cristo, no Espírito Santo, à sua Igreja. E, enquanto se repete essa ideia de declínio, há também uma outra, este utopismo espiritualístico que se repete. Nós sabemos como, depois do Concílio Vaticano II, alguns estavam convencidos de que tudo era novo, que havia uma outra Igreja, que a Igreja pré-conciliar é finita e teríamos outra, totalmente diferente. Um utopismo anárquico e, graças a Deus, os sábios timoneiros da barca de Pedro – Papa Paulo VI, Papa João Paulo II – defenderam, por um lado, a novidade do Concílio e, ao mesmo tempo, a unicidade e continuidade da Igreja, que é sempre Igreja de pecadores e sempre um lugar de graça.

Segue a íntegra da catequese:
Queridos irmãos e irmãs,
na semana passada, falei sobre a vida e a personalidade de São Boaventura. Nesta manhã, desejo prosseguir a apresentação enfocando parte de sua obra literária e seu ensino.
Como já disse, São Boaventura, entre os vários méritos, teve o de interpretar autêntica e fielmente a figura de São Francisco de Assis, a quem ele venerou e estudou com grande amor. De modo particular, no tempo de São Boaventura, uma corrente dos Frades Menores, chamada de “espiritual”, sustentava que São Francisco havia inaugurado uma fase totalmente nova da história, algo como o “Evangelho eterno”, de que fala o Apocalipse, que substituiria o Novo Testamento. Este grupo afirmava que a Igreja já tinha esgotado o seu papel histórico e, dessa forma, deveria ser substituída por uma comunidade carismática de homens livres guiados interiormente pelo Espírito, ou seja, os “franciscanos espirituais”.
A base das ideias desse grupo fora escrita nos textos de um abade cisterciense, Joaquim da Fiore, que morreu em 1202. Em suas obras, ele afirmava um ritmo trinitário da história. Ele considerava o Antigo Testamento como a era do Pai, seguida pelo tempo do Filho, o tempo da Igreja. Havia ainda que se esperar pela terceira era, aquela do Espírito Santo. Essa história foi interpretada como uma história de progresso: da severidade do Antigo Testamento para a relativa liberdade do tempo do Filho na Igreja, até a plena liberdade dos Filhos de Deus no período do Espírito Santo, que também seria, finalmente, o período de paz entre os homens, de reconciliação entre os povos e religiões. Joaquim da Fiore havia suscitado a esperança de que o início do novo tempo viria através de um novo monaquismo. É compreensível, portanto, que um grupo de Franciscanos reconhecesse São Francisco de Assis como o iniciador desse novo tempo e que sua Ordem fosse a comunidade desse novo período – a comunidade do tempo do Espírito Santo, que deixava para trás a hierarquia da Igreja para iniciar a nova Igreja do Espírito, não mais vinculada às antigas estruturas.
Houve, portanto, o risco de um gravíssimo mal-entendido da mensagem de São Francisco, de sua humilde fidelidade ao Evangelho e à Igreja, e este mal-entendido comportava uma visão errônea do cristianismo como um todo.
São Boaventura, que tornou-se Ministro Geral da Ordem Franciscana em 1257, encontrou-se frente a uma grave tensão dentro de sua própria Ordem, precisamente por aqueles que apoiaram a mencionada corrente dos “Franciscanos espirituais”, que fora fortemente influenciada por Joaquim da Fiore. Exatamente para responder a esse grupo e restaurar a unidade da Ordem, Boaventura estudou cuidadosamente os escritos autênticos de Joaquim da Fiore e os que lhe eram atribuídos e, tendo em conta a necessidade de apresentar corretamente a figura e a mensagem de seu amado São Francisco, desejou apresentar uma justa visão da teologia da história.
São Boaventura afrontou o problema exatamente em seu último trabalho, um conjunto de conferências para os monges do studio parisiense, que permaneceu inacabado e foi reunido através de transcrições dos ouvintes, intitulado Hexaëmeron, ou seja, uma explicação alegórica dos seis dias da criação. Os Padres da Igreja consideravam os sete dias da história da criação como uma profecia da história do mundo, da humanidade. Os sete dias representavam, para eles, sete períodos da história, mais tarde interpretados também como sete milênios. Com Cristo, se entraria no final no último período, isto é, o sexto período da história, a que se seguiria o grande sábado de Deus. São Boaventura assumiu esta interpretação histórica da relação com os dia da criação, mas de uma forma muito livre e inovadora. Para ele, dois fenômenos de seu tempo exigiam uma nova interpretação do curso da história:
1. A figura de São Francisco, o homem totalmente unido a Cristo até a comunhão dos estigmas, quase um alter Christus, e, com São Francisco, a nova comunidade criada por ele, diversa do monaquismo até então conhecido;
2. A posição de Joaquim da Fiore, que anunciava um novo monaquismo e um período totalmente novo da história, indo além da revelação do Novo Testamento, e que exigia uma resposta.

Enquanto Ministro Geral dos Franciscanos, São Boaventura havia sofrido com tal concepção espiritualista, inspirada em Joaquim da Fiore. A Ordem não era governável, e andava logicamente rumo à anarquia. Para ele, duas eram as consequências:
1. A necessidade prática de estruturas e de inclusão na realidade da Igreja hierárquica, da Igreja real, havia a necessidade de um fundamento teológico;
2. Tendo em conta o realismo necessário, não necessitava perder a novidade da figura de São Francisco.

Da resposta de São Boaventura, elaborada de modo muito sutil, posso oferecer aqui apenas um esboço esquemático e incompleto nos seguintes pontos:
1. São Boaventura rejeita a ideia do ritmo trinitário da história. Deus é um só para toda a história e não pode ser dividido em três divindades. A história é una, mesmo que seja um caminho, e – segundo São Boaventura – um caminho de progresso, como veremos;
2. Jesus Cristo é a última palavra de Deus – n’Ele, Deus disse tudo, dizendo e dando a si mesmo. Mais que ele próprio, Deus não pode dizer, nem dar. O Espírito Santo é o Espírito do Pai e do Filho. O Senhor diz do Espírito Santo: “… vos recordará tudo o que eu vos disse” (Jo 14, 26); “colherá do que é meu e vos anunciará” (Jo 16, 15). Portanto, não há um outro Evangelho superior, não há uma outra Igreja a se esperar. Por isso, também a Ordem de São Francisco deve inserir-se nesta Igreja, na sua fé, no seu ordenamento hierárquico;
3. Isso não significa que a Igreja seja imóvel, fixa no passado, e não possa exercer novidade alguma. “Opera Christi non deficiunt, sed proficiunt” ["As obras de Cristo não retrocedem, não são enfraquecidas, mas progridem"], disse o Santo na carta De tribus quaestionibus. Assim, São Boaventura formula explicitamente a ideia de progresso, e essa é uma novidade em comparação aos Padres da Igreja e a grande parte de seus contemporâneos.
Até então, o pensamento central que dominava os Padres era apresentado como cume absoluto da teologia: todas as gerações posteriores somente poderiam ser suas discípulas. Também São Boaventura reconhece os Padres como professores para sempre, mas o fenômeno de São Francisco lhe dá a certeza de que a riqueza das palavras de Cristo é inesgotável, e que também entre as novas gerações podem parecer novas luzes. A unicidade de Cristo também nos garante novidade e renovação em todos os períodos.
Claro, a Ordem Franciscana pertence à Igreja de Jesus Cristo, à Igreja apostólica, e não pode ser construída como um espiritualismo utópico. Mas, ao mesmo tempo, é válida a novidade de tal Ordem no confronto com o monaquismo tradicional, e São Boaventura – como disse na catequese anterior – defendeu tal novidade dos ataques do clero secular de Paris: os Franciscanos não tinham um monastério fixo, podiam estar presentes em todos os lugares para anunciar o Evangelho. Apenas a ruptura com a estabilidade, característica do monaquismo, em favor de uma nova flexibilidade, restitui à Igreja o dinamismo missionário.
Nesse ponto, talvez seja útil dizer que também hoje existem visões segundo as quais toda a história da Igreja no segundo milênio teria sido um declínio permanente; alguns veem o declínio subitamente após o Novo Testamento. Na verdade, “Opera Christi non deficiunt, sed proficiunt” ["As obras de Cristo não retrocedem, não são enfraquecidas, mas progridem"]. O que seria a Igreja sem a nova espiritualidade dos Cistercienses, dos Franciscanos e Dominicanos, da espiritualidade de Santa Teresa de Ávila e de São João da Cruz, e assim por diante? Também hoje vale afirmar: “Opera Christi non deficiunt, sed proficiunt“, ide avante. São Boaventura nos ensina, pelo exemplo, o discernimento necessário, por vezes severo, do realismo sóbrio e da abertura a novos carismas doados por Cristo, no Espírito Santo, à sua Igreja. E, enquanto se repete essa ideia de declínio, há também uma outra, esta utopismo espiritualístico que se repete. Nós sabemos como, depois do Concílio Vaticano II, alguns estavam convencidos de que tudo era novo, que havia uma outra Igreja, que a Igreja pré-conciliar é finita e teríamos outra, totalmente diferente. Um utopismo anárquico e, graças a Deus, os sábios timoneiros da barca de Pedro – Papa Paulo VI, Papa João Paulo II – defenderam, por um lado, a novidade do Concílio e, ao mesmo tempo, a unicidade e continuidade da Igreja, que é sempre Igreja de pecadores e sempre um lugar de graça;
4. Neste sentido, São Boaventura, como Ministro Geral dos Franciscanos, tomou uma linha de governo na qual ficou clara que a nova Ordem não podia, como comunidade, viver o mesmo “nível escatológica” de São Francisco, em que ele vê antecipadamente o mundo futuro, mas – guiada, ao mesmo tempo, de um são realismo e de coragem espiritual – devia aproximar-se o mais possível da realização máxima do Sermão da Montanha, que, para São Francisco, foi a regra, tendo em conta as limitações do homem, marcado pelo pecado original.
A obra de São Boaventura, o Itinerarium mentis in Deum, é um “manual” de contemplação mística. Ele foi concebido em um cenário de profunda espiritualidade: o monte Alverne, onde São Francisco recebeu os estigmas. Na introdução, o autor explica as circunstâncias que deram origem a este escrito: “Enquanto meditava sobre a possibilidade de a alma ascender a Deus, me foi apresentado, pormenorizadamente, aquele evento maravilhoso que aconteceu com o beato Francisco, isto é, a visão do Serafim alado sob a forma de um Crucifixo. E, meditando sobre isso, imediatamente percebi que tal visão me oferecia a êxtase contemplativa do mesmo Pai Francisco e também o caminho que conduz a ela” (Itinerario della mente in Dio, Prologo, 2, em Opere di San Bonaventura. Opuscoli Teologici /1, Roma 1993, p. 499).
As seis asas do Serafim tornam-se, assim, o símbolo das seis etapas que conduzem progressivamente o homem ao conhecimento de Deus através da observação do mundo e suas criaturas, e através da exploração da própria alma com as suas capacidades, até chegar à união compensadora com a Santíssima Trindade, através de Cristo, à imitação de Francisco de Assis. As últimas palavras do Itinerarium de São Boaventura, que respondem à pergunta sobre como atingir essa comunhão mística com Deus, deveriam ser colocadas nas profundezas do coração: “Se agora deseja saber como isso acontece, [a comunhão mística com Deus] solicita a graça, não a doutrina; o desejo, não o intelecto; os gemidos da oração, e não o estudo da carta; o esposo, não o mestre; Deus, não o homem; a escuridão, não a clareza; não a luz, mas o fogo que tudo inflama e transporta em Deus com a forte unção e ardentíssimo afeto [...] Entremos, pois, na névoa, acalmemos as preocupações, paixões e fantasias; passemos, com Cristo Crucificado, desse mundo ao Pai, a fim de que, após tê-lo visto, digamos com Felipe: isso me basta” (Ibid., VII, 6).
Caros amigos, acolhamos o convite feito por São Boaventura, o Doutor Seráfico, e entremos na escola do Divino Mestre: escutemos a sua Palavra de vida e de verdade, que ressoa nas profundezas da nossa alma. Purifiquemos os nossos pensamentos e as nossas ações, para que Ele possa habitar em nós, e nós possamos compreender a sua voz divina, que nos atrai para a verdadeira felicidade.

terça-feira, 30 de dezembro de 2014

MARY: A world without faith is foolish and spends all of its time trying to build permanency upon the shifting sands of time. Satan uses this foolishness to build his cities and gather his armies. He has brought human history to this point where humanity has left behind the light of eternity and has chosen the darkness of time.


Our Lady of Fatima

10. A Summary of Teaching

  
Mary 
I have raised up these locutions and in these few years, many have seen their value.  This was to prepare their hearts and show them that my words will guide them.  Filled with this light, they know much about human history.  I have clearly taught the following:
  1. Human history is a battle for souls and cannot be understood merely by reason.
  2. This battle is between light and darkness. The great victory of Jesus took place on the cross.
  3. For 2000 years, Satan has regrouped his forces and has put his plan in place through human beings who cooperate with him.
  4. I foresaw that this battle would come to its greatest moments, so I appeared at Fatima to defeat Satan.
  5. This defeat has obviously not happened because the responses to my requests were not lived out, causing the world to be plunged into a greater war and then constant conflicts.
  6. Mankind is now entering a very dangerous time.  The 100th anniversary of Fatima is a signal moment.  Keep your eyes on that date.  It can still be a moment of great victory.
  7. I will continue to speak each day in the coming year.  I will not hold back my words.  My people need to know the secrets of my heart and its desires.
Now, I must take you on a new path, a road of strength and fortitude, a road of firmness and fidelity. 
Comment:  Our Lady sums up her recent teachings.



9. Opening the Fatima Gift


Mary
In the beginning, many will be confused wondering why many opportunities have been cut off.   This is the first stage.  Then, they will see that the wounds to society are even deeper and that life itself is endangered.  This will be the progression of events in the next few years leading up to the 100 years of Fatima revelations.
Mankind need not walk that path.  Another is available, a true path to peace, the path of Fatima.  All must read the story of the three children, of the appearances and of my requests.  There is also the great promise, “In the end, my Immaculate Heart will triumph”.  It will be late, but Russia will be consecrated.
Do not wait.  Consecrate yourself and your family.  Read.  Learn.  Live the Fatima message.  Fatima is God’s gift, the short cut, the easy way.  Fatima is filled with my love and my tenderness.  I visited the earth to protect you.  I spoke so you might listen.  I gave signs so you would believe.  I did all of this for you.  Please, open my Fatima gift.
Comment:  The Church must fully open the Fatima gift but you can open your gift immediately.

8. The Blessings of the 100th Anniversary


Mary
As the new year begins, the events will happen slowly.  Most important, people will not recognize their importance or how these events prepare the way for others.  The events will be new and surprising sources of unrest and breakdowns.
Even as it becomes evident that this new reality will not pass quickly, people will still not grasp the importance of this year.  Only toward the end of the year will the events take place that will seriously change the existing structures.  Even in these cases, people will not see clearly.  They will believe that the change is temporary and can be rolled back.
Only as the year ends, will people see the decisiveness of these events.  Even here, their full force will not have been released, for there will be the years leading up to the 100th anniversary of Fatima.
I continually see these coming years in the light of that anniversary.  A while ago, the world focused on 2000 and the new millennium.  Human life moved into the new millennium without any serious change.  The 100th anniversary of Fatima will be quite different because I will not abandon my children or my Church.
Comment:  Our Lady speaks of new difficulties that are ahead as well as the special blessings of Fatima in 2017.

6. New Powers Flooding Forth


Mary 
Some powers that shake the existing order have already been released.  These prepare the way.  They occupy and distract mankind who then cannot see the greater difficulties which lie ahead.  Currently, the world focuses upon the external threats of terrorism and Russia, while totally ignoring the internal problems of morality, abortion (which kills far more than all the terrorists) and spending.
2015 will see not just the continuation and expansion of the 2014 problems, but new powers that break forth.  These are more internal to economic systems and the daily life, new leaks and new breakdowns in society, new divisions among people.  Governments will be exhausted, unable to adequately respond.  The 2014 strains upon their resources will have weakened their ability.
All will stretch and stretch until the resources cannot stretch any more.  At that moment, comes the breakthrough, the flooding where no one suspected, for who can foresee the path of a flood?
What voices will be raised to give light.  Who will be able to guide the world on these dark hours?  In this very darkness, my light will shine.  Do not wait.  Time spent in devotion prepares the soil.  The effects in coming together in my name are indispensable.
Comment:  Our Lady does not speak of external causes but internal difficulties built into our systems.

5. The Spurned Gift of Fatima


Mary 
As the days and the months stretch forth, the mysteries will be seen by all.  In the next few years, leading up to the 100th anniversary of Fatima, all will be revealed.  The mysteries of evil buried within human history and human hearts will slowly come to the surface.
In the beginning, many will see these events in the old perspective.  However, as they continue to surface, the eyes of many will be opened, especially the eyes of the Church and of the Holy Father.  It is no coincidence that these events will occur as the anniversary approaches.
Should not this 100th anniversary (1917-2017) be a great time of rejoicing, a time when the Fatima gift is poured out in its fullness?  That was my plan.  This entire century was meant to be 100 years of blessings, all leading up to the anniversary.  A blessing that has been rejected becomes an accusation. A gift spurned becomes a great issue.
If the Church and the world had only listened, if they had fully welcomed the Fatima gift, there would have been no World War II, no atomic bomb, no arms race, no Cold War.  Russia would have been converted.  A great period of peace would have begun and the whole world would know that the 100th anniversary would become a time of the greatest blessings.
Now, the anniversary looms on the horizon as an unfulfilled promise, rejected by those who should have had faith.  What will I do?  What will happen in these next 2 ½ years?  This is not settled.  However, the quicker the Church fully responds to Fatima, and as devotion to the Woman Clothed With the Sun multiplies, the blessings will come.  Otherwise, Fatima remains a gift that is still rejected.
Comment:  Our Lady gives a clear timetable, an explanation of the causes of twentieth century 
destruction and a path to peace.

4. One Hundred Years of Fatima


Mary
When the waters burst forth, who will tell them where to go?   They will have a mind of their own, going where Satan has plotted for so long.  They will be released at different times and different places.  Such will be the coming year of 2015.
I will plot out this year for you.  In the early months, new flood waters will break through.  There will be human responses that seemingly work for a time limiting the effects.  It is only in the latter months of the year that the great floods come and continue for the first half of 2016.
By July 2016, the world will see what has happened.  On July 13, 2016 will begin the one hundredth year of my speaking about the consecration of Russia.  How important will be that year, leading up to the one hundredth anniversary of my appearing at Fatima (2017).
As these flood waters rise, let the voice of Fatima grow louder in your ears.  What other voice should you listen to?
Comment:  To speak and not to be heeded for 100 years is being very patient.



Mary       
See what springs forth, surprising waters which no one can imagine.  These waters are still hidden and can only be explained when they come to light and are seen by all.  I do not hold back my words but speak as clearly as possible.
2014 has been a year of turmoil, of the appearance of many evils.   However, life has continued on.  The struggles are confined to certain areas of the world or to certain parts of society.  The protecting walls built by man to assure a normal life have remained in place.  There have been no breakthroughs.
2015  will be quite different.  Even in the first six months of the year, new and different events will break through.  However, not to the extent that life is totally disrupted.  It will seem like these problems have been adequately responded to so that normal life can continue, even though limited.
In the Fall, however, the great problems will break forth and all will see that human life has seriously changed.  This will be the mood as the year comes to an end.
All of these events will serve a purpose.  They will awaken the Church that it needs my help and those voices which have been declaring that the messages of Fatima must be studied more closely will be given a greater hearing.
Comment: 2015 will awaken the world to the importance of Fatima.

2. Manifesting Her Presence


Mary
All history is in my hands.  I know the movements of every heart and of every event.  I see all that has happened and all that will happen.  Nothing is determined.  Events are shaped by human decisions.  This was God’s plan from the beginning.
I am not a passive spectator, who merely watches the drama unfold.   I am the Woman Clothed With the Sun who has power to intervene.  I am part of human history.  I was born into the world and lived in the world as everyone else.
My role now is more extensive and, in the Father’s plan, I must assume greater and greater responsibilities for the safety and protection of humanity.  I have been announcing this plan for years but now it its taking place, right before your eyes.
As one event leads to another, as one problem begets greater ones, you can see the importance of my coming on the scene, of making myself known, of lifting up my special son and of manifesting my presence all over the world.
Right now, I am only interested in you, the reader.  I have led you to these locutions and I want to give you extraordinary blessings.   Others, who do not know me, will receive later.  You will receive now.  You do not understand everything but you want to receive.  You have read all of my promises.  You have studied my ways.  Most important, you believe.  Why should I delay? You are prepared to receive.
Close your eyes.  I am with you.  Experience my presence.  Do not move.  Stay still until the gift is complete.  Repeat this often.  Each time, I will act more deeply within you.
Comment:  Our Lady does not wait.  You, O reader, are ready to receive.  Do so, again and again.

1. Today Vanishing Into Tomorrow


Mary
Human life takes place within time.  One moment opens out into the next in an endless series.  No one can stop this process because God has created time.  Man, therefore, is helpless.  He can record time and assign a date to today, but he cannot stop today from vanishing and giving way to tomorrow.
A person who appreciates the passing nature of earth and the short moment of every life can grasp what I am saying.  A world which lives by faith understands that no one can hold on to today.  No one can build a permanent earthly city.
A world without faith is foolish and spends all of its time trying to build permanency upon the shifting sands of time.  Satan uses this foolishness to build his cities and gather his armies.  He has brought human history to this point where humanity has left behind the light of eternity and has chosen the darkness of time.
How many false beliefs flow from this foolishness, as if time heals all wounds, or that problems will be solved in due time, or that time is a cycle in which darkness is always followed by light and problems always have solutions.
My message is clear.  Time is not an inevitable cycle.  Time is a story, with man’s free will playing an important role.  Time is a road and man has chosen the road of darkness.  The light does not come automatically, like day following night.  At this present time, humanity is walking a road that is so dark, it will lead to permanent and disastrous changes to earth I cannot and will not allow that to happen but man must stop thinking about the passing goals of time and begin to seek the changeless riches of eternity.  To act otherwise is complete and total foolishness.  The greatest fools are the rich and the powerful.
Comment:  Man’s thinking is totally confused when he takes no account that everything on earth passes away.

7. The Moment of the Great Battle


Mary
The army of darkness gathers on the horizon.  However, the daylight has not yet arrived and they cannot be seen.  This allows the forces of evil to spread out according to their plan.  They take strategic positions so that when the attacks begin there will be no escape.  They will capture and control.  Their goal is to inflict sufferings upon mankind, so that despair and helplessness seize the hearts of all.  In this way, their victory will be more complete.  They know what they wish to accomplish.  They want to cut mankind off from the Creator and to cast everyone into disbelief.  They are not interested in capturing material earth but in claiming immortal souls.
They want to destroy man’s spirit and cut him off from his life-giving relationship to Jesus and the power of the resurrection.  Once that occurs, he will have successfully overcome the defeat he suffered when Jesus died on the cross.  How he has waited for this moment!  Through all the ages, he has planned this.  Anyone believing that these are normal times and normal problems, is deceived.  This is the moment of the great battle, when Satan uses his entire army.  The battle will be fierce.  The struggle an immense one.  The victory great; but only with my help can anyone be saved.
Comment:  Wake up!  Future events will not just be the usual problems.  A spiritual war will break out with grave consequences for human history.