sábado, 16 de fevereiro de 2013

La oración según el magisterio de Benedicto XVI

La oración según el magisterio de Benedicto XVI
La oración es la elevación del alma hacia Dios o la petición a Dios de bienes convenientes.
La oración según el magisterio de Benedicto XVI
La oración según el magisterio de Benedicto XVI
Introducción
La oración ha sido siempre a lo largo de la historia de la humanidad un tema fascinante, envuelto en el misterio. De las religiones politeístas a los cultos monoteístas, desde los tiempos que se pierden en los inicios del hombre hasta nuestros días, la oración tiene un lugar privilegiado en el corazón del hombre. La sola idea de poder relacionarse con Dios, de entablar un diálogo con el creador, con la materia viviente, con el origen de la vida o con los dioses que rigen el destino del universo ha despertado en el hombre una incógnita que lo ha llevado a erigir altares, establecer cultos y rituales en forma tal que le permitieran esta comunicación o al menos los deseos de comunicarse con las deidades.

No es sino con la Revelación cuando el hombre logra captar lo que Dios quiere de Él y la forma en que puede relacionarse con Él, la forma en que puede hablar con Él. Es Dios mismo quien se comunica con el hombre y quien comunica al hombre sus deseos, lo que espera de su criatura preferida. Ya Jesucristo nos revelará las particularidades de esta relación, no sólo con su palabra sino con su misma vida.

A partir de entonces surgirán hombres y mujeres en la historia del cristianismo que mediante su testimonio personal y su palabra irán ilustrando el misterio que significa la oración cristiana. Un misterio que no puede ser abarcado en unas pocas palabras, precisamente porque es misterio. Quien habla o escribe sobre la oración lo hace siempre desde su experiencia personal, desde aquello que Dios le ha permitido vivir. Si bien el sujeto que experimenta la oración es único y cada hombre o mujer que ora lo hace con sus propias cualidades y no puede hablar sino de lo que ha experimentado en primera persona, sabemos que el objeto de la oración, este encuentro personal con Dios es un dato objetivo 1 , porque es el mismo Dios que se encuentra con el hombre, si bien respetando las peculiaridades de cada hombre.

Confiados en esta objetividad de la Revelación y guiados por el Magisterio de la Iglesia podemos afirmar, como nos dice el Catecismo de la Iglesia católica que la oración no es sino es la elevación del alma hacia Dios o la petición a Dios de bienes convenientes" (San Juan Damasceno, f. o. 3, 24) . 2 Muchos otros maestros de oración han dado otras definiciones que enriquecen el concepto de oración y nos hacen partícipes de las experiencias de dichos maestros. “La oración es una conversación y un coloquio con Dios” (san Gregorio Nacianceno); “es hablar con Dios” (San Juan Crisóstomo); “es el pensar en Dios con piedad y afecto humilde” (San Agustín); “es el piadoso afecto de la mente que piensa en Dios” (san Buenaventura); “es la elevación de la mente a Dios para alabarlo y pedirle las cosas convenientes para la salvación eterna” (Santo Tomás, sintetizando el pensamiento de Sal Juan Damasceno.” 3

Establecemos entonces como un dato objetivo que es el encuentro del alma con Dios en la oración viene a ser vivido por un sujeto dentro de la obediencia a lo que Dios quiere, por tanto, dentro de unos datos que pueden ser verificables de acuerdo a la Revelación y no sólo dejándose guiar por el sólo subjetivismo. Es el sujeto quien en el encuentro con Dios en la oración obedece a lo que Dios le hace ver, sin perder para nada sus propias cualidades subjetivas. Al contrario, sus cualidades personales subjetivas vienen a enriquecer el dato objetivo del encuentro con Dios.

La experiencia de un hombre en su encuentro de amor con Dios, es decir en la oración, vendrá por tanto a significar no sólo una forma de comprender la definición de la oración, sino una forma muy personal de vivir este encuentro de amor con Dios. Esta forma personal de vivir el encuentro con Dios es el reflejo de toda la persona, ya que el encuentro con Dios, si es verdadero, abarca a toda la persona humana. Por ello, una palabra, una definición, una expresión en la oración, nos puede revelar el interior de la persona, su estado de humor, su psicología y hasta su cultura. Así vemos en Santa Teresa de Ávila y san Juan de la Cruz la cultura de su tiempo se refleja en su vida de oración.

En este pequeño estudio queremos abarcar una pequeña parte del magisterio de Benedicto XVI sobre la oración. Se trata en primer lugar de comprender lo que Benedicto XVI entiende por la oración y específicamente por oración en la vida consagrada y para las personas consagradas. Contamos para ello con un texto magnífico, que si bien no entra propiamente en su magisterio petrino, refleja en forma clara y objetiva el pensamiento de Joseph Ratzinger sobre la oración. Se trata de la Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana – Orationis formas del 15 de octubre de 1989, cuando aún era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En él, Joseph Ratzinger como teólogo y pedagogo nos dejarán para la posteridad cuál es el pensamiento de la oración cristiana, en contraste con las formas de oración de tipo oriental que comienzan a pulular en Occidente. Este documento unido a la carta encíclica Spe salvi, serán los puntos de arranque para dejar sentado lo que es la oración en el magisterio de Benedicto XVI.

Sin embargo queremos profundizar y descubrir lo que espera Benedicto XVI de las personas consagradas sobre el tema de la oración. Desde el inicio de su pontificado y tomando pie a lo dicho en su mensaje del 27 de septiembre de 2005 con motivo de la Asamblea plenaria de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, el Santo Padre viene hablando de una auténtica “ripresa” 5 (término italiano de difícil o exacta traducción al español y que algunos erróneamente traducen como renovación – preferible el término inglés recovery), es decir de un lanzar de nuevo con grande vigor la vida consagrada. Basándonos en este concepto, descubriremos el papel que según Benedicto XVI juega la oración en esta búsqueda por vivir con más frescura, con más vigor la vida consagrada.

Por último y como argumento al que tantas congregaciones religiosas femeninas dan mucha importancia y al que dedican no poco tiempo, hablaremos sobre la oración por las vocaciones. Constataremos no sólo lo mucho que el Papa confía en este medio, sino la forma en la que él entiende que se debe desarrollar la oración por las vocaciones, la forma en que la religiosa debe rezar y encontrarse con Dios para pedir por las vocaciones.


Más que un concepto, la oración es un tipo de vida.
Definir la oración no es una empresa fácil. Y mucho menos si a esta empresa se une el hecho de que quien debe definir la oración es el sumo Pontífice, el vicario de Cristo en la tierra. Puede asaltarnos justamente la pregunta del criterio que debe seguirse para cimentar la definición de la oración que da Benedicto XVI. Podemos elegir como criterio los grandes dotes pedagógicos con los que Dios lo ha dotado, mismos que ya se veían desde la labor desempeñada en la diócesis de Mónaco de Baviera, pasando por su trabajo desempeñado en la Congregación de la Doctrina de la Fe. También podemos referirnos a la asistencia que recibe en su ministerio petrino. Sin embargo queremos basarnos en el servicio que él viene haciendo a la verdad y a la revelación, como el mismo lo ha dicho: “… restando nella luce della verità rivelata in Gesù, tramite la genuina tradizione della chiesa.” 6 ES por tanto el servicio que presta Josph Ratzinger a la verdad revelada en Jesús, la que nos permitirá descubrir su pensamiento acerca de la oración.

Por otra parte vemos una línea continua de este servicio entre su trabajo en la Congregación para la Doctrina de la Fe y su ministerio petrino. Ya desde el inicio de su pontificado, en el momento de dar las primeras palabras en el balcón central de la Basílica Vaticana como recién elegido sumo pontífice, él se considera como un trabajador de la viña del Señor, queriendo de esta forma enfatizar el hecho de que está al servicio de la verdad revelada en Jesús: “Queridos hermanos y hermanas: después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor.” 7 Y ya en la homilía del inicio de su pontificado podrá explayarse más sobre su programa de trabajo, que sintetiza su pensamiento y el tenor de autoridad con el que quiere llevar adelante la misión encomendada. “¡Queridos amigos! En este momento no necesito presentar un programa de gobierno. Algún rasgo de lo que considero mi tarea, la he podido exponer ya en mi mensaje del miércoles, 20 de abril; no faltarán otras ocasiones para hacerlo. Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia.” 8 Animados por tanto por esta convicción de escuchar a un hombre que quiere ser sólo testigo de la verdad revelada en Cristo, nos acercamos a su pensamiento sobre la oración.

Joseph Ratzinger no duda en trazar las fuentes históricas de la oración cristiana, partiendo siempre de lo que dice la Biblia y lo santos padres. “Come debba pregare l’uomo che accoglie la rivelazione biblica, lo insegna la Bibbia stessa. Nell’Antico Testamento ci’è una meravigliosa raccolta di preghiere, rimasta viva lungo i secoli anche nella chiesa di Gesù Cristo, nella quale essa è diventata la base della preghiera ufficiale: il libro delle Lodi o dei Salmi.” 9 Por ello, se debe considerar siempre la oración cristiana dentro del marco del cristianismo, es decir de la fe cristiana. Quien reza, quien hace oración en el cristianismo lo hace dentro de la estructura de la fe católica. “La preghiera cristiana è sempre determinata dalla struttura della fede cristiana, nella quale risplende la verità stessa di Dio e della creatura.” 10 Encontramos nuevemamente en el pensamento de Joseph Ratzinger esta fuerte tendencia a no apartarse de lo que ha sido revelado por Cristo, este pensamiento de querer hacer lo que Cristo ha querido y ha pensado siempre como verdad revelada por Dios su Padre.

Una vez puestas estas premisas podemos acercarnos a descubrir cuál es el concepto de Benedicto XVI sobre la oración. Nuevamente el documento Orationis formas nos sirve de guía. “Per questo essa (la preghiera) si configura, propiamente parlando como un dialogo personal, intimo e profundo, tra l’uomo e Dio. Essa esprime quindi la comunione delle creature redenta con la vita intima delle Persone trinitarie. In questa comunione, che si fonda sul battesimo e sull’eucaristia, fonte e culmine della vita della chiesa, è implicato un atteggiamento di conversione, un esodo dall’io verso il tu di Dio.” 11 Nos encontramos por tanto con una definición de oración que hunde sus raíces en una profunda sintonía con la verdad revelada. Si bien toda oración es un encuentro personal con Dios, este encuentro se realiza en la Iglesia y para la Iglesia. En la Iglesia porque el encuentro personal se llevará a cabo dentro de la estructura que Jesús ha marcado para que este encuentro se lleve a cabo. Es un encuentro de dos personas: el cristiano que quiere encontrar a Dios y Dios (le Persone trinitarie) que viene al encuentro del hombre. Y es un encuentro para la Iglesia, porque toda oración no queda encerrada en el caparazón del egoísmo personal. Si el hombre ha orado verdaderamente, entonces ese encuentro se traduce necesariamente en una misión. El hombre que encuentra a Dios lo encuentra necesariamente en un ambiente de obediencia. “Sul Tabor, dove certamente egli (Cristo) è unito al Padre in maniera manifesta, viene evocata la sua passione (cf. Lc 9, 31) e non viene neppure presa in considerazione la possibilità di permanere in <> sul monte della trasfigurazione. Ogni preghiera contemplativa cristiana rinvia continuamente all’amore del prossimo, all’azione e alla passione, e proprio così avvicina maggiormente a Dio.” 12

La oración como encuentro no la podemos circunscribir a una técnica. Quien se encuentra y habla con una persona, por la calle, o en un encuentro formal, no circunscribe el encuentro a un método, a una técnica. Si bien es cierto que todo encuentro, aunque fortuito es precedido de un pequeño o grande ceremonial, el encuentro no se puede basar en dicho ceremonial o normas de etiqueta o respeto mutuo como pueden ser el saludo, el intercambio de algún signo de amistad. Son las palabras, los gestos, las emociones, la sintonía en el pensamiento y en la voluntad las que hacen el núcleo del encuentro. De la misma manera, lo veremos más adelante, no son las técnicas de la oración las que hacen el núcleo y el centro de la oración. Son las palabras, el intercambio de pensamientos y de ideas los que hacen la oración. Nuestra sociedad occidental es una sociedad que se ha centrado en la velocidad, lo quiere todo y en un solo momento. Se olvida por ejemplo que la naturaleza tiene procesos que llevan tiempo: la cosecha está sujeta al cambio de las estaciones, la gestación de la vida humana requiere de nueve meses y así todos los procesos conllevan un cierto tiempo. Guiados más bien por la técnica que busca el eficientismo, muchos han visto la oración como una técnica más, en dónde si se llegan a cumplir una serie de rituales, se pueden esperar los resultados prometidos. Si se cumplen las condiciones establecidas en la oración, entonces podré hacer la experiencia del encuentro con Dios. Se olvida por una parte que el encuentro con Dios es una gracia que procede de Dios mismo y que la oración como encuentro no está circunscrito a una serie de técnicas. Dios y el hombre que se encuentran están guiados por la gracia y por la libertad, no por una técnica.

Jospeh Ratzinger previene de este posible error cuando escribe: “I falsi carismatici del IVsecolo identificavano la grazia dello Spirito santo con l’esperienza psicologica della sua presenza nell’anima. Contro di esse i padri insistettero sul fatto che l’unione dell’anima orante con Dio si compie nel mistero, in particolare attraverso i sacramenti della chiesa. Essa può inoltre realizzarsi perfino attraverso esperienze di afflizione e anche di desolazione. (…) Queste forme di errore continuano a essere una tentazione per l’uomo peccatore. Lo istigano a cercare di superare la distanza che separa la creatura del Creatore, come qualcosa che non dovrebbe esserci; a considerare il cammino di Cristo sulla terra, con il quale egli ci vuole condurre al Padre, come realtà superata; ad abbassare ciò che viene accordato come pura grazia al livello della psicologia naturale, come <> o come <>. 13 Y más adelante ratifica lo dicho cuando escribe: “L’amore di Dio, unico oggetto della contemplazione cristiana, è una realtà della quale non ci si può <> con nessun metodo o tecnica; anzi, dobbiamo aver sempre lo sguardo fisso in Gesù Cristo, nel quale l’amore divino è giunto per noi sulla croce a tal punto che egli si è assunto anche la condizione di allontanamento del padre (cf. Mc 15, 34) Dobbiamo dunque lasciar decidere a Dio la maniera con cui egli vuole farci partecipi del suo amore. Ma non possiamo mai, in alcun modo, cercare di metterci allo stesso livello dell’oggetto contemplato, l’amore libero di Dio; neanche quando, per la misericordia di Dio Padre, mediante lo Spirito santo mandato nei nostri cuori, ci viene donato in Cristo, gratuitamente, un riflesso sensibile di questo amore divino e ci sentiamo come attirati dalla verità, dalla bontà e dalla bellezza del Signore.” 14

Ya en su ministerio petrino, Benedicto XVI vuelve a hablar de la oración como un encuentro y en un contexto muy preciso como es el de las almas consagradas a Dios. Si bien todos los cristianos están llamados a utilizar este medio que es la oración para acrecentar su unión con Dios, las personas consagradas, por la misma profesión que han hecho de seguir a Cristo en pobreza, castidad y obediencia, necesitan tener una unión fuerte y constante con Dios. Se presenta la oración no ya sólo como un encuentro con Dios, sino como un encuentro con Dios que fortifica la misma consagración. “El alimento de la vida interior es la oración, íntimo coloquio del alma consagrada con su Esposo divino.” 15 Pero de este tema hablaremos con más detenimiento. Ahora sólo queremos recalcar el hecho de que Benedicto XVI sigue viendo la oración como un encuentro con Cristo.


¿Para qué rezar? Las finalidades de la oración.
Una vez que sabemos que la oración es un encuentro con Dios, conviene conocer la dinámica de este encuentro. El saber algo no implica automáticamente el vivirlo. El pasaje de la razón a la voluntad y de ésta a la acción no se debe suponer como un paso automático. La voluntad es una potencia que sigue a la razón, pero si el hombre no hace suyas las propuestas que le presenta la razón será muy difícil que su voluntad se ponga en movimiento. Es necesario por tanto que el pasaje de la razón a la voluntad y de ésta a la acción se efectúe a través de las debidas motivaciones, esto es, el hombre debe encontrar y hacer suyos los motivos por los cuales es conveniente poner en práctica lo que la razón le ha presentado.

Con la oración sucede algo semejante al proceso que acabamos de describir. Saber que la oración es el encuentro de Dios y el alma no es suficiente para que el hombre ore. Es necesario que el hombre conozca las finalidades de la oración y que estas finalidades las haga propias. Se trata de que el hombre mueva su voluntad no sólo por razones, sino que haga propia estas razones, es decir, que haga propia las finalidades de la oración. Por ello, pretendemos explicar cuáles son las finalidades de la oración en las enseñanzas de Benedicto XVI con el fin de que la persona pueda apropiárselas, es decir, con la finalidad de que el hombre pueda transformar estas finalidades de la oración en sus propias motivaciones. Para pasar de la razón a la acción, es necesario el pasaje del corazón. Lograr hacer propias las finalidades de la oración.

De acuerdo con los maestros de la vida espiritual las finalidades de la oración pueden abarcarse en la adoración, la acción de gracias, la petición, el perdón y el ofrecimiento. 16 Todo encuentro de Dios y el hombre en la oración engloba al menos una de las finalidades antes mencionadas. Haremos ahora un pequeño análisis de la aplicación que Benedicto XVI hace de estas finalidades de la oración en forma tal que a partir de dicho conocimiento podamos encontrar las motivaciones personales para nuestra oración.

Si hemos dicho que la oración es el encuentro personal con Dios, es lícito preguntarnos de qué esta hecho este encuentro, cómo se llena este encuentro. Es necesario poner como premisa que este encuentro se realiza entre una persona que es criatura y su Creador, por lo tanto la criatura nunca podrá poseer por entero a su Creador. Podrá tan sólo participar de la vida del Creador, y a esto tiende la oración, el encuentro con Dios.

Una de las finalidades de la oración que señala Benedicto XVI es la de ser familiar con Dios, de modo que el hombre pueda someterse a la voluntad del Padre. Se trata por tanto de lograr un trato íntimo y personal con Dios. No es que la persona pueda abarcar a Dios, lo cuál no será posible, por la premisa que hemos mencionado en el párrafo precedente. Es lograr en el hombre, mediante el asiduo contacto con Dios, una confianza total en la voluntad del Padre. Que conozca de tal forma al Padre, que pueda vaciarse de sí mismo para cumplir su voluntad. Es necesario por tanto en el hombre un proceso de vaciamiento para que pueda entrar en él la voluntad del padre. “<>: ecco il vero pericolo. Il grande dottore della chiesa (S. Agostino) raccomanda di concentrarse in se stessi, ma anche di trascendere l’io che non è Dio, ma solo una creatura. Dio è <>. Dio infatti è in noi e con noi, ma ci trascende nel suo mistero.” 17

Esta familiaridad con Dios le permite no sólo conocerlo, sino estar siempre en una postura de hacer su voluntad. Cuando mediante la oración el corazón del hombre logra deshacerse de las preocupaciones del mundo, la única preocupación es la de hacer la voluntad de Dios. El encuentro con Dios tiene como una finalidad para el hombre la de ayudarlo a vaciarse de sí mismo para aceptar y cumplir con amor la voluntad de Dios. “Obviamente, el cristiano que reza no pretende cambiar los planes de Dios o corregir lo que Dios ha previsto. Busca más bien el encuentro con el Padre de Jesucristo, pidiendo que esté presente, con el consuelo de su Espíritu, en él y en su trabajo. La familiaridad con el Dios personal y el abandono a su voluntad impiden la degradación del hombre, lo salvan de la esclavitud de doctrinas fanáticas y terroristas.” 18

Si el encuentro con Dios tiene como una de sus finalidades buscar la voluntad de Dios para que Dios esté presente en las realidades del hombre, tanto más cuanto estas realidades son las que maneja el sacerdote, y podemos nosotros añadir, las personas consagradas. Si bien es cierto que el sacerdote y las personas consagradas están insertas en el mundo, no son del mundo, como recomienda el mismo Cristo. Este vivir siempre con la mirada fija en Dios dentro de las realidades terrenas, requiere de un medio para avivar estos deseos de Dios. La oración tendrá como finalidad el mantener vivo este deseo. “Para cumplir su elevada tarea, el sacerdote debe tener una sólida estructura espiritual y vivir toda su vida animado por la fe, la esperanza y la caridad. Debe ser, como Jesús, un hombre que busque, a través de la oración, el rostro y la voluntad de Dios, y que cuide también su preparación cultural e intelectual.” 19


¿Un método?
Hemos dicho que la oración no puede reducirse a un método, ya que la criatura no podrá abarcar nunca el objeto de la oración, esto es, el amor inefable de Dios. La oración no es un método, pero un buen método ayuda a hacer oración. “La preghiera è un mistero. L’uomo non può entrare in contatto con Dio se non entrando nel mistero divino. La preghiera cristiana è il mistero di Cristo che introduce i suoi discepoli in una relazione filiale che permette loro di gridare: <>.” 20 Por lo tanto, estamos hablando de misterio, en dónde la gracia de Dios juega un papel preponderante, aunque sin descuidar tampoco la importancia de la libertad del hombre. Siendo por tanto el encuentro con Dios suscitado por su Espíritu santo, no podemos encasillar dicho encuentro a una serie de normas, de reglas, de recetas que nos permitan obtener un resultado infalible. El hágase esto y entrará en contacto con Dios, reduce el misterio del encuentro con Dios a los horizontes terrenos de la mente humana. El encuentro con Dios es más que un método, pero un buen método ayuda al encuentro con Dios, en la manera en que dicho método permite a Dios actuar libremente, dándole la primacía del actuar.

Benedicto XVI sin sugerir un método en cuanto tal, traza con deliciosas pinceladas lo que podría ser una forma, no me atrevo a decir método, del encuentro con Dios y que cada hombre puede aprender y hacer propias estas formas. Encuadra esta forma de oración en una escuela de esperanza. 21 Como la oración es un encuentro personal con Dios, el núcleo de la persona humana, su corazón, entendido como el órgano de la voluntad, su deseo más íntimo, debe irse trasformando para que en él sólo pueda estar Dios, sus intereses, sus anhelos. Benedicto XVI, citando a San Agustín, lo expresa de la siguiente manera. “« Imagínate que Dios quiere llenarte de miel [símbolo de la ternura y la bondad de Dios]; si estás lleno de vinagre, ¿dónde pondrás la miel? » El vaso, es decir el corazón, tiene que ser antes ensanchado y luego purificado: liberado del vinagre y de su sabor. Eso requiere esfuerzo, es doloroso, pero sólo así se logra la capacitación para lo que estamos destinados.” 22

El encuentro personal con Dios no es simplemente un encuentro que deja indiferente a la persona. Antes de encontrarse con Dios, la persona debe buscar las disposiciones necesarias para encontrarlo. Disposiciones que son únicamente exteriores, sino sobre todo interiores . Disposiciones que se resumen en buscar ya desde antes el querer de Dios. De lo contrario la oración se reduce a un ejercicio depreda que o toca lo íntimo del hombre, que no lo transforma. A lo más será una meditación piadosa que llena un cierto requisito de piedad filial. Cuando por el contrario, el hombre busca en el encuentro personal con Dios cumplir su voluntad, el corazón se ensancha: “El hombre ha sido creado para una gran realidad, para Dios mismo, para ser colmado por Él. Pero su corazón es demasiado pequeño para la gran realidad que se le entrega. Tiene que ser ensanchado. « Dios, retardando [su don], ensancha el deseo; con el deseo, ensancha el alma y, ensanchándola, la hace capaz [de su don] ».” 24 Este ensancharse del corazón es un ejercicio constante que se realiza en la oración que sin ser una escuela de oración, bien lo podemos llamar, con Benedicto XVI, una forma de oración que lleva a una cierta finalidad. La forma es la de buscar que el corazón del hombre se hace al corazón de Dios, a aceptar lo que Dios quiere de él. Es llegar a la oración con un corazón abierto, dispuesto para que Dios lo llene, que es precisamente la finalidad de la oración: “El modo apropiado de orar es un proceso de purificación interior que nos hace capaces para Dios y, precisamente por eso, capaces también para los demás. En la oración, el hombre ha de aprender qué es lo que verdaderamente puede pedirle a Dios, lo que es digno de Dios.” 25


La oración de las personas consagradas y en las personas consagradas.
Si la oración reviste una importancia fundamental para la vida del cristiano, cuanto más para la vida de la persona que ha entregado su vida a Cristo mediante la consagración a través de los votos o de cualquier otro vínculo estable . 26 Conocer lo que es la persona consagrada en el magisterio de Benedicto XVI puede servirnos para entender mejor la importancia que el Santo Padre da a la oración de las personas consagradas.

Desde la inauguración de su magisterio, Benedicto XVI se ha referido a las personas consagradas con expresiones llenas de significado espiritual. “Os saludo a vosotros, religiosos y religiosas, testigos de la presencia transfigurante de Dios,” 27 fue su primer saludo a las personas consagradas. A partir de ese momento se ha referido a los religiosos y las religiosas como personas que viven la dimensión espiritual de la unión con Dios. Así, en uno de los que podemos llamar su primer documento oficial a la vida consagrada, la Carta con motivo de la Asamblea plenaria de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica del 27 de spetiembre de 2005, Benedicto XVI pone su acento en la dimensión espiritual de las personas consagradas, esto es, su relación personal con Cristo: “alegría, porque a través de vosotros sé que me dirijo al mundo de las mujeres y de los hombres consagrados que siguen a Cristo por el camino de los consejos evangélicos y del respectivo carisma particular sugerido por el Espíritu.” 28

Esta dimensión espiritual está centrada en el seguimiento de Cristo, pero que se hace personal. No es seguir una idea, unas costumbres, sino que es seguir a una persona que se ha encontrado. De este encuentro nace la conciencia de saber que se pertenece sólo y exclusivamente a Aquél que se ha encontrado. Esta pertenencia Benedicto XVI la sabe expresar claramente en el pensamiento de San Benito, cuando comenta el número de la regla que se refiere al amor de Cristo: “En efecto, la vida consagrada, desde sus orígenes, se ha caracterizado por su sed de Dios: quaerere Deum. Por tanto, vuestro anhelo primero y supremo debe ser testimoniar que es necesario escuchar y amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas, antes que a cualquier otra persona o cosa.” 29 Ser de Dios y pertenecer a Dios son las características fundamentales de la consagración. Dichas características impregnan la vida de todo consagrado y le permiten actuar en el mundo con una cierta especificidad. “Pertenecer al Señor: esta es la misión de los hombres y mujeres que han elegido seguir a Cristo casto, pobre y obediente, para que el mundo crea y sea salvado. Ser totalmente de Cristo para transformarse en una permanente confesión de fe, en una inequívoca proclamación de la verdad que hace libres ante la seducción de los falsos ídolos que han encandilado al mundo. Ser de Cristo significa mantener siempre ardiendo en el corazón una llama viva de amor, alimentada continuamente con la riqueza de la fe, no sólo cuando conlleva la alegría interior, sino también cuando va unida a las dificultades, a la aridez, al sufrimiento.” 30

Nos damos cuenta que Benedicto XVI basa el concepto de la vida consagrada en la pertenencia al Señor y que por consecuencia la persona consagrada busca vivir en todo momento esta pertenencia, no anteponiendo nada al Amor. A partir de este concepto de vida consagrada, la oración cobra un matiz muy específico. Si como hemos dicho, la persona consagrada es aquella que pertenece sólo a Dios y se esfuerza por vivir esa pertenencia a Dios en todas las dimensiones de la vida, necesariamente buscará aquellas actividades que más le ayuden a reforzar su pertenencia a Dios. Quien busca pertenecer a un objeto, trata de poseer dicho objeto. No en vano el amor que es una acción de la voluntad y no del sentimiento, busca ponerse siempre en sintonía con el objeto amado . Y si la oración es un encuentro personal con Dios, para la persona consagrada que busca pertenecer sólo a Dios y poseer sólo a Dos, la oración se convierte en una forma de poseer a Dios y de alimentarse de Dios: “El alimento de la vida interior es la oración, íntimo coloquio del alma consagrada con su Esposo divino.” 32

Si la oración es el alimento necesario para que las personas consagradas puedan pertencer y aumentar su pertenencia al Señor, se infiere que la continuidad en la oración es la garantía de la constancia en la pertenencia al Señor. Siendo que la persona consagrada se desarrolla a lo largo del tiempo y que su vida no está exenta de peligros y tribulaciones, ya sea que vengan del exterior de la persona, ya sea que provengan del interior, la oración se convierte por tanto en un medio esencial para llenarse del Señor y reafirmar la pertenencia a Él. Un medio que no debe reducirse a un tiempo esporádico, sino que debe sellar la jornada de todos los días, ya que la pertenencia se alimenta de los encuentros cotridianos, no sólo esporádicos. “Proseguid por este camino, fortaleciendo vuestra fidelidad a los compromisos asumidos, al carisma de vuestros respectivos institutos y a las orientaciones de la Iglesia local. Esta fidelidad, como sabéis, es posible a quienes se mantienen firmes en las fidelidades diarias, pequeñas pero insustituibles: ante todo, fidelidad a la oración y a la escucha de la palabra de Dios; fidelidad al servicio de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo, de acuerdo con el propio carisma; fidelidad a la enseñanza de la Iglesia, comenzando por la enseñanza acerca de la vida consagrada; y fidelidad a los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía, que nos sostienen en las situaciones difíciles de la vida, día tras día.” 33

Una aplicación de la oración: la oración por las vocaciones.
Siendo la escasez de las vocaciones uno de los argumentos de mayor importancia para la vida consagrada en nuestra época, Benedicto XVI ha señalado en diversos momentos de su magisterio la forma en que el problema debe afrontarse. Desde un comienzo debe verse esta situación desde el punto de vista de Dios y no dejarse llevar ni por un malsano alarmismo, pero tampoco por un infructuoso pesimismo. En su discurso al clero de la diócesis de Aosta en julio de 2005, Benedicto XVI, con una visión realista dice que no nos debemos llevar del pesimismo ni pensar en recetas que puedan solucionar el problema. Se debe partir aceptando la situación de sufrimiento, conscientes de que el Señor permite y está en el sufrimiento, pero conscientes también de que el Señor actuará a través de nuestra acción. Y una de estas acciones es la oración por las vocaciones . 34

La oración por las vocaciones no falta en la mayor parte de las comunidades de vida religiosa. Ya sea en forma comunitaria, personal o intercongregacional, la oración por las vocaciones se ha convertido en un elemento indispensable para pedir al dueño de la mies que envíe obreros a la mies (cf. Mt 9, 37 – 38). Sin embargo, Benedicto XVI, hace una aclaración importante. No basta pedir que el Señor envíe obreros a la mies. Hay que enseñar a los obreros, a los jóvenes actuales, a orar. Es precisamente en la oración, el encuentro personal con Dios, en dónde se hace el discernimiento vocacional. Es en la oración en dónde los corazones de los jóvenes se deciden a dejar todo por seguir el único necesario. Si un joven no sabe rezar, es inútil que se hagan campañas promocionales de oración por las vocaciones, de que se convoque a jóvenes a eventos para darles a conocer lo que es el sacerdocio o la vida consagrada. Si falta en el joven la capacidad de interiorizarse, de encontrar a Dios en lo profundo de su ser, de nada o poco servirán todos esos medios externos. Podemos entonces decir que Benedicto XVI ha re-cualificado la oración por las vocaciones, para que se convierta verdaderamente en un instrumento para suscitar vocaciones en el corazón de los jóvenes. “Parecerá extraño, pero yo pienso muchas veces que la oración —el unum necessarium— es el único aspecto de las vocaciones que resulta eficaz y que nosotros tendemos con frecuencia a olvidarlo o infravalorarlo. No hablo solamente de la oración por las vocaciones. La oración misma, nacida en las familias católicas, fomentada por programas de formación cristiana, reforzada por la gracia de los Sacramentos, es el medio principal por el que llegamos a conocer la voluntad de Dios para nuestra vida. En la medida en que enseñamos a los jóvenes a rezar, y a rezar bien, cooperamos a la llamada de Dios. Los programas, los planes y los proyectos tienen su lugar, pero el discernimiento de una vocación es ante todo el fruto del diálogo íntimo entre el Señor y sus discípulos. Los jóvenes, si saben rezar, pueden tener confianza de saber qué hacer ante la llamada de Dios.” 35



NOTAS
1 “La santa Iglesia, nuestra madre, mantiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón humana a partir de las cosas creadas" (Cc. Vaticano I: DS 3004; cf. 3026; Cc. Vaticano II, DV 6). Sin esta capacidad, el hombre no podría acoger la revelación de Dios. El hombre tiene esta capacidad porque ha sido creado "a imagen de Dios" (cf. Gn 1,26). (…)El espíritu humano, para adquirir semejantes verdades, padece dificultad por parte de los sentidos y de la imaginación, así como de los malos deseos nacidos del pecado original. De ahí procede que en semejantes materias los hombres se persuadan fácilmente de la falsedad o al menos de la incertidumbre de las cosas que no quisieran que fuesen verdaderas (Pío XII, enc. "Humani Generis": DS 3875). Por esto el hombre necesita ser iluminado por la revelación de Dios, no solamente acerca de lo que supera su entendimiento, sino también sobre "las verdades religiosas y morales que de suyo no son inaccesibles a la razón, a fin de que puedan ser, en el estado actual del género humano, conocidas de todos sin dificultad, con una certeza firme y sin mezcla de error" (ibid., DS 3876; cf. Cc Vaticano I: DS 3005; DV 6; S. Tomás de A., s.th. 1,1,1). Catecismo de la Iglesia católica, nn. 36 – 38.
2 Ibídem., n. 2590
3 Antonio Furioli, Preghiera e contemplazxione mistica, Casa editrice Marietti, Genova 2001, p. 22.
4 “la preghiera è un incontro dell’uomo con Dio. (…). Si tratta din un incontro del Padre con il figlio, del figlio con il proprio Dio che sa essergli Padre, di un incontro quindi che è uno scambio di amore. Le forme delle preghiere potranno essere diverse, cosí pure i suoi motivi e anche le difficoltà che vi troviamo, ma la ragione intima della preghiera è sempre l’amore; e una persona che desidera incontrarsi con Dio, dovrà preoccuparsi di una cosa sola: amare, o meglio rispondere a Dio che le si dà per puro amore.” F. Charmot, L’oraison èchange d’amour, c. I. in Antonio Furioli, Preghiera e contemplazione mistica, Casa editrice Marietti, Genova 2001, p. 22.
5 “Una auténtica renovación de la vida religiosa sólo puede darse tratando de llevar una existencia plenamente evangélica, sin anteponer nada al único Amor, sino encontrando en Cristo y en su palabra la esencia más profunda de todo carisma del fundador o de la fundadora.” Benedicto XVI, Carta con motivo de la Asamblea plenaria de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica, 27.9.2005.
6 Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana – Orationis formas, 15.10.1989, n. 1.
7 Benedicto XVI, Discursos, 19.4.2005.
8 Benedicto XVI, Homilías, 24.4.2005
9 Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana – Orationis formas, 15.10.1989, n. 2.
10 Ibídem.
11 Ibídem.
12 Ibídem., n. 11.
13 Ibídem., n. 9 – 10.
14 Ibídem., n. 31.
15 Benedicto XVI, Discursos, 22.5.2006.
16 Antonio Furioli, Preghiera e contemplazione mistica, Casa editrice Marietti, Genova 2001, p. 24 – 31.
17 Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana – Orationis formas, 15.10.1989, n. 19.
18 Benedicto XVI, Carta encíclica Deus caritas est, 25.12.2005, n. 37
19 Benedicto XVI, Discursos, 13.5.2007, n. 5.
20 Jean Galot, S.J. Presentazione, in Antonio Furioli, Preghiera e contemplazione mistica, Casa editrice Marietti, Genova 2001, p. 15.
21 Benedicto XVI, Carta encíclica Spes salvi, 30.11.2007, n. 32.
22 Ibídem., n. 33.
23 “La ricerca di Dio mediante la preghiera deve essere preceduta e accompagnata dalla ascesi e dalla purificazione dai propri peccati ed errori, perché secondo la parola di Gesù soltanto <> (Mt 5, 8).” Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana – Orationis formas, 15.10.1989, n. 18.
24 Benedicto XVI, Carta encíclica Spes salvi, 30.11.2007, n. 33.
25 Ibídem.
26 “Adoptan con libertad esta forma de vida en institutos de vida consagrada canónicamente erigidos por la autoridad competente de la Iglesia aquellos fieles que, mediante votos u otros vínculos sagrados, según las leyes propias de los institutos, profesan los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, y, por la caridad a la que éstos conducen, se unen de modo especial a la Iglesia y a su misterio.” Código de Derecho Canónico, c.573, § 2.
27 Benedicto XVI, Homilías, 24.4.2005
28 Benedicto XVI, Cartas, 27.9.2005.
29 Benedicto XVI, Discursos, 10.12.2005.
30 Benedicto XVI, Discursos, 22.5.2006.
31 “Idem velle, idem nolle, querer lo mismo y rechazar lo mismo, es lo que los antiguos han reconocido como el auténtico contenido del amor: hacerse uno semejante al otro, que lleva a un pensar y desear común.” Benedicto XVI, Carta encíclica Deus caritas est, 25.12.2005, n.17.
32 Benedicto XVI, Discursos, 22.5.2006.
33 Benedicto XVI, Discursos, 10.12.2005.
34 “El primer punto es un problema que se plantea en todo el mundo occidental: la falta de vocaciones. (…)Es diferente la situación en el mundo occidental, un mundo cansado de su propia cultura, un mundo que ha llegado a un momento en el cual ya no se siente la necesidad de Dios, y mucho menos de Cristo, y en el cual, por consiguiente, parece que el hombre podría construirse a sí mismo. En este clima de un racionalismo que se cierra en sí mismo, que considera el modelo de las ciencias como único modelo de conocimiento, todo lo demás es subjetivo. Naturalmente, también la vida cristiana resulta una opción subjetiva y, por ello, arbitraria; ya no es el camino de la vida. Así pues, como es obvio, resulta difícil creer; y, si es difícil creer, mucho más difícil es entregar la vida al Señor para ponerse a su servicio. (…)Así pues, la primera respuesta es la paciencia, con la certeza de que el mundo no puede vivir sin Dios, el Dios de la Revelación ―y no cualquier Dios, pues puede ser peligroso un Dios cruel, un Dios falso―, el Dios que en Jesucristo nos mostró su rostro, un rostro que sufrió por nosotros, un rostro de amor que transforma el mundo como el grano de trigo que cae en tierra.
Por consiguiente, tenemos esta profundísima certeza: Cristo es la respuesta y, sin el Dios concreto, el Dios con el rostro de Cristo, el mundo se autodestruye y resulta aún más evidente que un racionalismo cerrado, que piensa que el hombre por sí solo podría reconstruir el auténtico mundo mejor, no tiene la verdad. Al contrario, si no se tiene la medida del Dios verdadero, el hombre se autodestruye. Lo constatamos con nuestros propios ojos.
Debemos tener una certeza renovada: él es la Verdad y sólo caminando tras sus huellas vamos en la dirección correcta, y debemos caminar y guiar a los demás en esta dirección.
El primer punto de mi respuesta es: en todo este sufrimiento no sólo no debemos perder la certeza de que Cristo es realmente el rostro de Dios, sino también profundizar esta certeza y la alegría de conocerla y de ser así realmente ministros del futuro del mundo, del futuro de todo hombre. Y hemos de profundizar esta certeza en una relación personal y profunda con el Señor. Porque la certeza puede crecer también con consideraciones racionales. Realmente, me parece muy importante una reflexión sincera que convenza también racionalmente, pero llega a ser personal, fuerte y exigente en virtud de una amistad con Cristo vivida personalmente cada día.
Por consiguiente, la certeza exige esta personalización de nuestra fe, de nuestra amistad con el Señor; así surgen también nuevas vocaciones.” Benedicto XVI, Discursos, 25.7.2005.
35 Benedicto XVI, Discursos, 16.4.2008, n. 3.

http://es.catholic.net/religiosas/803/2774/articulo.php?id=41378

domingo, 6 de janeiro de 2013

Pope: bishops must be courageous

 

 



(Vatican Radio) Following a tradition begun during the Pontificate of Blessed John Paul II, four men were ordained Bishops during the Mass of the Epiphany this Sunday in St. Peter’s Basilica: Angelo Vincenzo Zani, Secretary of the Congregation for Catholic Education; Fortunatus Nwachukwu, Apostolic Nuncio to Nicaragua; Georg Ganswein, Personal Secretary to Pope Benedict XVI and Prefect of the Papal Household; Nicolas Thevenin, also Apostolic Nuncio in the Diplomatic Service of the Holy See, all four of whom are raised to the dignity of Archbishop. After the singing of the Veni Creator – the Prefect of the Congregation for Bishops, Cardinal Marc Ouellet, presented the elect, who were questioned by the Holy Father about their willingness to accept and discharge the duties of the office they ...»

Papst weiht Kurienmitarbeiter zu Bischöfen – „Mut zum Widerspruch“




RealAudioMP3Ein Bischof sollte heutzutage „Mut zum Widerspruch gegen die herrschenden Orientierungen“ haben. Das sagte Papst Benedikt XVI. an diesem Sonntag, dem Hochfest der Erscheinung des Herrn. „Wer den Glauben der Kirche lebt und verkündet, steht in vielen Punkten quer zu den herrschenden Meinungen gerade auch in unserer Zeit“, so der Papst. „Gottesfurcht befreit von der Menschenfurcht. Sie macht frei.“ Im Petersdom feierte er eine Heilige Messe und erteilte dabei vier Priestern die Bischofsweihe. Unter ihnen ist auch sein Privatsekretär Georg Gänswein, neuer Präfekt des Päpstlichen Hauses. Auch in diesem neuen Amt bleibt Erzbischof Gänswein aber Privatsekretär von Benedikt XVI.

„Tu es Petrus“, singt der Chor, als der Papst in die Basilika einzieht. Auch italienische Politiker sind unter den ...»

Benoît XVI rejette l'agnosticisme tout puissant et intolérant



Benoît XVI qui impose les mains sur la tête de Mgr Georg Gänswein, agenouillé devant lui. C’est l’image que tout le monde gardera en mémoire de ce dimanche de l’Epiphanie. Le Pape, en la Basilique Saint Pierre, a ordonné évêque son secrétaire particulier, nommé aussi préfet de la Maison Pontificale. Trois autres prélats ont reçu l’ordination épiscopale : le nigérian Mgr Fortunatus Nwachukwu, qui devient nonce au Nicaragua, le français Mgr Nicolas Thévenin, qui devient nonce au Guatemala, et Mgr Vincenzo Zani, récemment nommé secrétaire de la Congrégation pour l’Education catholique.

Le Pape, dans son homélie, a voulu parler des qualités que devraient avoir les évêques. Des hommes « inquiets, qui doivent se préoccuper des autres hommes et être capables de leur indiquer la route vers la foi ...»

A "coragem e humildade da fé", aceitando sofrer pela verdade: Bento XVI na Missa da Epifania ordenando quatro novos bispos



Como os Magos vindos do Oriente para adorar Jesus, os bispos hão-de ser “pessoas de coração inquieto”, “movidos pela busca de Deus e da salvação do mundo”, “homens que esperam” e participam da “inquietação de Deus por nós”.
Seguindo uma tradição iniciada pelo seu predecessor João Paulo II, Bento XVI celebrou hoje de manhã, na basílica de São Pedro, a festa da Epifania procedendo à ordenação episcopal de quatro novos bispos: - Angelo Vincenzo Zani, da diocese italiana de Brescia, Secretário da Congregação para a Educação Cristã; - Fortunatus Nwachukwu, da diocese de Aba (Nigéria), nomeado Núncio Apostólico na Nicarágua; - Georg Gänswein, da diocese de Freiburg im Breisgau (Alemanha), seu secretário pessoal, nomeado Prefeito da Casa Pontifícia; - e Nicolas Denis Thevenin, do clero da
...»

LE PAROLE DEL PAPA ALLA RECITA DELL’ANGELUS. CAPPELLA PAPALE( NELLA SOLENNITÀ DELLA EPIFANIA DEL SIGNORE, CON IL RITO DI ORDINAZIONE EPISCOPALE



SANTA MESSA: VIDEO INTEGRALE





LE PAROLE DEL PAPA ALLA RECITA DELL’ANGELUS, 06.01.2013

Al termine della Santa Messa celebrata con il rito di ordinazione episcopale nella Basilica Vaticana in occasione della Solennità dell’Epifania del Signore, il Santo Padre Benedetto XVI si affaccia alla finestra del suo studio nel Palazzo Apostolico Vaticano per recitare l’Angelus con i fedeli ed i pellegrini convenuti in Piazza San Pietro.
Queste le parole del Papa nell’introdurre la preghiera mariana:

PRIMA DELL’ANGELUS

Cari fratelli e sorelle!

Scusate il ritardo. Ho ordinato quattro nuovi Vescovi nella Basilica di San Pietro e il rito è durato un po’ di più.
Ma celebriamo oggi soprattutto l’Epifania del Signore, la sua manifestazione alle genti, mentre numerose Chiese Orientali, secondo il calendario Giuliano, festeggiano il Natale. Questa leggera differenza, che fa sovrapporre i due momenti, pone in risalto che quel Bambino, nato nell’umiltà della grotta di Betlemme, è la luce del mondo, che orienta il cammino di tutti i popoli.
E’ un accostamento che fa riflettere anche dal punto di vista della fede: da una parte, a Natale, davanti a Gesù, vediamo la fede di Maria, di Giuseppe e dei pastori; oggi, nell’Epifania, la fede dei tre Magi, venuti dall’Oriente per adorare il re dei Giudei.
La Vergine Maria, insieme con il suo sposo, rappresentano il “ceppo” di Israele, il “resto” preannunciato dai profeti, da cui doveva germogliare il Messia. I Magi rappresentano invece i popoli, e possiamo dire anche le civiltà, le culture, le religioni che sono, per così dire, in cammino verso Dio, alla ricerca del suo regno di pace, di giustizia, di verità e di libertà. C’è dapprima un nucleo, impersonato soprattutto da Maria, la «figlia di Sion»: un nucleo di Israele, il popolo che conosce e ha fede in quel Dio che si è rivelato ai Patriarchi e nel cammino della storia. Questa fede raggiunge il suo compimento in Maria, nella pienezza dei tempi; in lei, «beata perché ha creduto», il Verbo si è fatto carne, Dio è «apparso» nel mondo. La fede di Maria diventa la primizia e il modello della fede della Chiesa, Popolo della Nuova Alleanza. Ma questo popolo è fin dall’inizio universale, e questo lo vediamo oggi nelle figure dei Magi, che giungono a Betlemme seguendo la luce di una stella e le indicazioni delle Sacre Scritture.
San Leone Magno afferma: «Un tempo era stata promessa ad Abramo una innumerevole discendenza che sarebbe stata generata non secondo la carne, ma nella fecondità della fede» (Discorso 3 per l’Epifania, 1: PL 54, 240). La fede di Maria può essere accostata a quella di Abramo: è il nuovo inizio della stessa promessa, dello stesso immutabile disegno di Dio, che trova ora il suo pieno compimento in Cristo Gesù. E la luce di Cristo è così limpida e forte che rende intelligibile sia il linguaggio del cosmo, sia quello delle Scritture, così che tutti coloro che, come i Magi, sono aperti alla verità possono riconoscerla e giungere a contemplare il Salvatore del mondo. Dice ancora San Leone: «Entri, entri dunque nella famiglia dei patriarchi la grande massa delle genti … Tutti i popoli… adorino il Creatore dell’universo, e Dio sia conosciuto non solo nella Giudea, ma in tutta la terra» (ibid.). In questa prospettiva possiamo vedere anche le Ordinazioni episcopali che ho avuto la gioia di conferire questa mattina nella Basilica di San Pietro: due dei nuovi Vescovi rimarranno al servizio della Santa Sede, e gli altri due partiranno per essere Rappresentanti Pontifici presso due Nazioni. Preghiamo per ciascuno di loro, per il loro ministero, e perché la luce di Cristo risplenda nel mondo intero.

DOPO L'ANGELUS

Cari fratelli e sorelle!

Domani le Chiese d’Oriente che seguono il calendario giuliano celebreranno il Natale del Signore: nella gioia della fede comune rivolgo ad esse il mio più cordiale augurio di pace, con uno speciale ricordo nella preghiera.

In Italia ricorre oggi la Giornata della Santa Infanzia, dedicata ai bambini che si impegnano per la diffusione del Vangelo e per aiutare concretamente i coetanei che ne hanno più bisogno. Cari bambini, vi ringrazio e vi incoraggio: portate a tutti l’amore di Dio!

Je suis heureux de saluer les pèlerins francophones et particulièrement nos frères chrétiens d’Orient qui célèbrent le Saint Noël. Je salue également ceux d’entre vous qui sont venus pour l’ordination de Monseigneur Thevenin. L’Épiphanie manifeste que le salut apporté par le Christ est pour tous. En adorant cet Enfant, c’est-à-dire en croyant qu’il est Dieu, notre Sauveur et notre Roi, recevons la mission qu’il nous confie : le faire connaître à ceux qui nous entourent. Soyons comme une étoile pour les personnes qui cherchent l’espérance et repartons de la crèche comblés de la joie de Noël ! Bonne fête à tous !

I greet all the English-speaking pilgrims present today, including the boys of the Palestrina Choir of Saint Mary’s Pro-Cathedral, Dublin, who sang this morning at the solemn Mass of the Epiphany. At that ceremony I had the joy of conferring episcopal ordination upon four priests, including Archbishop Fortunatus Nwachukwu of Nigeria. May the new Bishops be faithful successors of the Apostles, always bearing witness to Christ, who today reveals the face of God to the nations. May the Lord bless all of you and grant you his peace!

Am heutigen Stephanustag heiße ich ganz herzlich alle deutschsprachigen Pilger und Besucher hier auf dem Petersplatz willkommen. Der heilige Stephanus sieht den Himmel offen und den Menschensohn zur Rechten Gottes stehen, so erzählt uns die Apostelgeschichte. Mit seinem Zeugnis und seinem Martyrium bestätigt er die Botschaft von der Menschwerdung Gottes. Er bezeugt, daß der Mensch, der sich Christus, dem göttlichen Wort, zuwendet, Gott selbst begegnet und durch die Kraft der Liebe verwandelt wird in Gottes neue Schöpfung hinein. Der Herr schenke euch und euren Familien in dieser Weihnachtszeit seinen Frieden und seine Freude.

Saludo a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. En esta solemnidad de la Epifanía del Señor, a ejemplo de los Magos de oriente, invito a todos a buscar a Dios con sencillez de espíritu, sin sucumbir ante el desaliento o la crítica. Él se revela a los humildes y a los pobres de espíritu. Él no se cansa de llamar a la puerta de nuestro corazón. Encontrar a Dios es lo mejor que le puede ocurrir a un hombre. Abramos, pues, nuestra vida a la luz de su gracia y descubriremos la fuerza necesaria para edificar una sociedad cada vez más reconciliada y solidaria. Feliz domingo.

Serdecznie pozdrawiam – zgromadzonych na modlitwie Anioł Pański – Polaków. Szczególnie pozdrawiam uczestników Orszaków Trzech Króli, którzy wzorem ewangelicznych Mędrców ze Wschodu, wędrują ulicami wielu miast do duchowego Betlejem, by spotkać narodzonego Zbawiciela. Niech ta inscenizacja umocni wierzących, zbliży do Kościoła tych, którzy się od niego oddalili, pomoże znaleźć Boga tym, którzy Go szukają. Uczestnikom Orszaków i wam wszystkim z serca błogosławię.

[Saluto cordialmente i Polacchi radunati per la preghiera dell’Angelus. In modo particolare saluto i partecipanti ai cortei dei Magi i quali, sull’esempio dei Magi d’oriente citati nel Vangelo, camminano per le strade di tante città spiritualmente rivolti verso Betlemme in cerca del Salvatore. Questa rappresentazione rafforzi i credenti, avvicini alla Chiesa quanti se ne sono allontanati e aiuti coloro che cercano Dio a trovarlo. Benedico di cuore i partecipanti ai cortei e voi tutti.]

Saluto infine con affetto i pellegrini di lingua italiana, in particolare i giovani del Movimento dei Focolari provenienti da molti Paesi del mondo. Cari giovani, l’esempio della beata Chiara Badano vi aiuti nel cammino della fede! A tutti auguro una buona festa, nella luce e nella pace del Natale del Nostro Signore Gesù Cristo. Grazie! Buona festa e tanta gioia.

© Copyright 2013 - Libreria Editrice Vaticana

CAPPELLA PAPALE NELLA SOLENNITÀ DELLA EPIFANIA DEL SIGNORE, CON IL RITO DI ORDINAZIONE EPISCOPALE, 06.01.2013

OMELIA DEL SANTO PADRE

Cari fratelli e sorelle!

Per la Chiesa credente ed orante, i Magi d’Oriente che, sotto la guida della stella, hanno trovato la via verso il presepe di Betlemme sono solo l’inizio di una grande processione che pervade la storia. Per questo, la liturgia legge il Vangelo che parla del cammino dei Magi insieme con le splendide visioni profetiche di Isaia 60 e del Salmo 72, che illustrano con immagini audaci il pellegrinaggio dei popoli verso Gerusalemme.
Come i pastori che, quali primi ospiti presso il Bimbo neonato giacente nella mangiatoia, personificano i poveri d’Israele e, in genere, le anime umili che interiormente vivono molto vicino a Gesù, così gli uomini provenienti dall’Oriente personificano il mondo dei popoli, la Chiesa dei gentili – gli uomini che attraverso tutti i secoli si incamminano verso il Bambino di Betlemme, onorano in Lui il Figlio di Dio e si prostrano davanti a Lui.
La Chiesa chiama questa festa “Epifania” – l'apparizione, la comparsa del Divino. Se guardiamo il fatto che, fin da quell’inizio, uomini di ogni provenienza, di tutti i Continenti, di tutte le diverse culture e tutti i diversi modi di pensiero e di vita sono stati e sono in cammino verso Cristo, possiamo dire veramente che questo pellegrinaggio e questo incontro con Dio nella figura del Bambino è un’Epifania della bontà di Dio e del suo amore per gli uomini (cfr Tt 3,4). Seguendo una tradizione iniziata dal Beato Papa Giovanni Paolo II, celebriamo la festa dell’Epifania anche quale giorno dell’Ordinazione episcopale per quattro sacerdoti che d’ora in poi, in funzioni diverse, collaboreranno al Ministero del Papa per l’unità dell’unica Chiesa di Gesù Cristo nella pluralità delle Chiese particolari. Il nesso tra questa Ordinazione episcopale e il tema del pellegrinaggio dei popoli verso Gesù Cristo è evidente.
Il Vescovo ha il compito non solo di camminare in questo pellegrinaggio insieme con gli altri, ma di precedere e di indicare la strada. Vorrei, però, in questa liturgia, riflettere con voi ancora su una domanda più concreta. In base alla storia raccontata da Matteo possiamo sicuramente farci una certa idea di quale tipo di uomini debbano essere stati coloro che, in seguito al segno della stella, si sono incamminati per trovare quel Re che, non soltanto per Israele, ma per l’umanità intera avrebbe fondato una nuova specie di regalità.
Che tipo di uomini, dunque, erano costoro? E domandiamoci anche se, malgrado la differenza dei tempi e dei compiti, a partire da loro si possa intravedere qualcosa su che cosa sia il Vescovo e su come egli debba adempiere il suo compito. Gli uomini che allora partirono verso l’ignoto erano, in ogni caso, uomini dal cuore inquieto.
Uomini spinti dalla ricerca inquieta di Dio e della salvezza del mondo. Uomini in attesa, che non si accontentavano del loro reddito assicurato e della loro posizione sociale forse considerevole. Erano alla ricerca della realtà più grande. Erano forse uomini dotti che avevano una grande conoscenza degli astri e probabilmente disponevano anche di una formazione filosofica. Ma non volevano soltanto sapere tante cose. Volevano sapere soprattutto la cosa essenziale. Volevano sapere come si possa riuscire ad essere persona umana. E per questo volevano sapere se Dio esista, dove e come Egli sia. Se Egli si curi di noi e come noi possiamo incontrarlo. Volevano non soltanto sapere. Volevano riconoscere la verità su di noi, e su Dio e il mondo. Il loro pellegrinaggio esteriore era espressione del loro essere interiormente in cammino, dell’interiore pellegrinaggio del loro cuore. Erano uomini che cercavano Dio e, in definitiva, erano in cammino verso di Lui. Erano ricercatori di Dio.
Ma con ciò giungiamo alla domanda: come dev’essere un uomo a cui si impongono le mani per l’Ordinazione episcopale nella Chiesa di Gesù Cristo? Possiamo dire: egli deve soprattutto essere un uomo il cui interesse è rivolto verso Dio, perché solo allora egli si interessa veramente anche degli uomini. Potremmo dirlo anche inversamente: un Vescovo dev’essere un uomo a cui gli uomini stanno a cuore, che è toccato dalle vicende degli uomini. Dev’essere un uomo per gli altri. Ma può esserlo veramente soltanto se è un uomo conquistato da Dio. Se per lui l’inquietudine verso Dio è diventata un’inquietudine per la sua creatura, l’uomo. Come i Magi d’Oriente, anche un Vescovo non dev’essere uno che esercita solamente il suo mestiere e non vuole altro. No, egli dev’essere preso dall’inquietudine di Dio per gli uomini. Deve, per così dire, pensare e sentire insieme con Dio. Non è solo l’uomo ad avere in sé l’inquietudine costitutiva verso Dio, ma questa inquietudine è una partecipazione all’inquietudine di Dio per noi. Poiché Dio è inquieto nei nostri confronti, Egli ci segue fin nella mangiatoia, fino alla Croce. “Cercandomi ti sedesti stanco, mi hai redento con il supplizio della Croce: che tanto sforzo non sia vano!”, prega la Chiesa nel Dies irae.
L’inquietudine dell’uomo verso Dio e, a partire da essa, l’inquietudine di Dio verso l’uomo devono non dar pace al Vescovo. È questo che intendiamo quando diciamo che il Vescovo dev’essere soprattutto un uomo di fede. Perché la fede non è altro che l’essere interiormente toccati da Dio, una condizione che ci conduce sulla via della vita. La fede ci tira dentro uno stato in cui siamo presi dall’inquietudine di Dio e fa di noi dei pellegrini che interiormente sono in cammino verso il vero Re del mondo e verso la sua promessa di giustizia, di verità e di amore. In questo pellegrinaggio, il Vescovo deve precedere, dev’essere colui che indica agli uomini la strada verso la fede, la speranza e l’amore. Il pellegrinaggio interiore della fede verso Dio si svolge soprattutto nella preghiera.
Sant’Agostino ha detto una volta che la preghiera, in ultima analisi, non sarebbe altro che l’attualizzazione e la radicalizzazione del nostro desiderio di Dio. Al posto della parola “desiderio” potremmo mettere anche la parola “inquietudine” e dire che la preghiera vuole strapparci alla nostra falsa comodità, al nostro essere chiusi nelle realtà materiali, visibili e trasmetterci l’inquietudine verso Dio, rendendoci proprio così anche aperti e inquieti gli uni per gli altri. Il Vescovo, come pellegrino di Dio, dev’essere soprattutto un uomo che prega. Deve vivere in un permanente contatto interiore con Dio; la sua anima dev’essere largamente aperta verso Dio. Le sue difficoltà e quelle degli altri, come anche le sue gioie e quelle degli altri le deve portare a Dio, e così, a modo suo, stabilire il contatto tra Dio e il mondo nella comunione con Cristo, affinché la luce di Cristo splenda nel mondo.
Torniamo ai Magi d’Oriente. Questi erano anche e soprattutto uomini che avevano coraggio, il coraggio e l’umiltà della fede. Ci voleva del coraggio per accogliere il segno della stella come un ordine di partire, per uscire – verso l’ignoto, l’incerto, su vie sulle quali c’erano molteplici pericoli in agguato. Possiamo immaginare che la decisione di questi uomini abbia suscitato derisione: la beffa dei realisti che potevano soltanto deridere le fantasticherie di questi uomini. Chi partiva su promesse così incerte, rischiando tutto, poteva apparire soltanto ridicolo. Ma per questi uomini toccati interiormente da Dio, la via secondo le indicazioni divine era più importante dell’opinione della gente. La ricerca della verità era per loro più importante della derisione del mondo, apparentemente intelligente.
Come non pensare, in una tale situazione, al compito di un Vescovo nel nostro tempo? L’umiltà della fede, del credere insieme con la fede della Chiesa di tutti i tempi, si troverà ripetutamente in conflitto con l’intelligenza dominante di coloro che si attengono a ciò che apparentemente è sicuro. Chi vive e annuncia la fede della Chiesa, in molti punti non è conforme alle opinioni dominanti proprio anche nel nostro tempo. L’agnosticismo oggi largamente imperante ha i suoi dogmi ed è estremamente intollerante nei confronti di tutto ciò che lo mette in questione e mette in questione i suoi criteri.
Perciò, il coraggio di contraddire gli orientamenti dominanti è oggi particolarmente pressante per un Vescovo. Egli dev’essere valoroso. E tale valore o fortezza non consiste nel colpire con violenza, nell’aggressività, ma nel lasciarsi colpire e nel tenere testa ai criteri delle opinioni dominanti. Il coraggio di restare fermamente con la verità è inevitabilmente richiesto a coloro che il Signore manda come agnelli in mezzo ai lupi. “Chi teme il Signore non ha paura di nulla”, dice il Siracide (34,16). Il timore di Dio libera dal timore degli uomini. Rende liberi!
In questo contesto mi viene in mente un episodio degli inizi del cristianesimo che san Luca narra negli Atti degli Apostoli. Dopo il discorso di Gamaliele, che sconsigliava la violenza verso la comunità nascente dei credenti in Gesù, il sinedrio chiamò gli Apostoli e li fece flagellare. Poi proibì loro di predicare nel nome di Gesù e li rimise in libertà. Luca continua: “Essi allora se ne andarono via dal sinedrio, lieti di essere stati giudicati degni di subire oltraggi per il nome di Gesù. E ogni giorno … non cessavano di insegnare e di annunciare che Gesù è il Cristo” (At 5,40ss). Anche i successori degli Apostoli devono attendersi di essere ripetutamente percossi, in maniera moderna, se non cessano di annunciare in modo udibile e comprensibile il Vangelo di Gesù Cristo. E allora possono essere lieti di essere stati giudicati degni di subire oltraggi per Lui. Naturalmente vogliamo, come gli Apostoli, convincere la gente e, in questo senso, ottenerne l’approvazione. Naturalmente non provochiamo, ma tutt’al contrario invitiamo tutti ad entrare nella gioia della verità che indica la strada. L’approvazione delle opinioni dominanti, però, non è il criterio a cui ci sottomettiamo. Il criterio è Lui stesso: il Signore. Se difendiamo la sua causa, conquisteremo, grazie a Dio, sempre di nuovo persone per la via del Vangelo. Ma inevitabilmente saremo anche percossi da coloro che, con la loro vita, sono in contrasto col Vangelo, e allora possiamo essere grati di essere giudicati degni di partecipare alla Passione di Cristo.
I Magi hanno seguito la stella, e così sono giunti fino a Gesù, alla grande Luce che illumina ogni uomo che viene in questo mondo (cfr Gv 1,9). Come pellegrini della fede, i Magi sono diventati essi stessi stelle che brillano nel cielo della storia e ci indicano la strada. I santi sono le vere costellazioni di Dio, che illuminano le notti di questo mondo e ci guidano. San Paolo, nella Lettera ai Filippesi, ha detto ai suoi fedeli che devono risplendere come astri nel mondo (cfr 2,15).
Cari amici, ciò riguarda anche noi. Ciò riguarda soprattutto voi che, in quest’ora, sarete ordinati Vescovi della Chiesa di Gesù Cristo. Se vivrete con Cristo, a Lui nuovamente legati nel Sacramento, allora anche voi diventerete sapienti. Allora diventerete astri che precedono gli uomini e indicano loro la via giusta della vita. In quest’ora noi tutti qui preghiamo per voi, affinché il Signore vi ricolmi con la luce della fede e dell’amore. Affinché quell’inquietudine di Dio per l’uomo vi tocchi, perché tutti sperimentino la sua vicinanza e ricevano in dono la sua gioia.
Preghiamo per voi, affinché il Signore vi doni sempre il coraggio e l’umiltà della fede. Preghiamo Maria che ha mostrato ai Magi il nuovo Re del mondo (Mt 2,11), affinché ella, quale Madre amorevole, mostri Gesù Cristo anche a voi e vi aiuti ad essere indicatori della strada che porta a Lui. Amen.

© Copyright 2013 - Libreria Editrice Vaticana

quinta-feira, 3 de janeiro de 2013

Benoît XVI : si nous nous sentons souvent faibles, pauvres, incapables de faire face aux difficultés et au mal du monde, la puissance de Dieu agit toujours et c’est justement dans la fragilité qu’il accomplit des merveilles.

BENEDICT XVI: WHERE DOES JESUS COME FROM?


In the four Gospels, the answer to the question 'where does Jesus come from?' emerges clearly: his true origin is the Father, God. He comes entirely from Him, but in a different way than any other prophet or messenger of God who preceded Him. This origin of the mystery of God, 'whom nobody knows', is already contained in the stories of His childhood in the Gospels of Matthew and Luke, which we are reading during Christmastime. The angel Gabriel announces: 'The Spirit will come upon you, and the power of the Most High will overshadow you. Therefore the child to be born will be called holy, the Son of God'. We repeat these words every time that we recite the Creed, the profession of faith: 'et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine', 'and by the Holy Spirit was incarnate of the Virgin Mary'. At this phrase we kneel because the veil that hid God is, so to say, opened and His unfathomable and inaccessible mystery touches us. God becomes Emmanuel, 'God with us'. When we listen to the Masses composed by the great masters of sacred musicI'm thinking, for example, of Mozart's Coronation Mass―we immediately notice how they linger over this phrase in a particular way, almost wanting to try to express with the universal language of music that which words cannot make manifest: the great mystery of God made flesh, of God made man". read...

Benedetto XVI : il Battesimo si riceve, noi 'siamo battezzati' - è un passivo - perché nessuno è capace di rendersi figlio di Dio da sé: è un dono che viene conferito gratuitamente.

"Il Natale del Signore - ha commentato il Santo Padre - illumina ancora una volta con la sua luce le tenebre che spesso avvolgono il nostro mondo e il nostro cuore, e porta speranza e gioia. Da dove viene questa luce? Dalla grotta di Betlemme, dove i pastori trovarono 'Maria e Giuseppe e il bambino, adagiato nella mangiatoia'. Di fronte a questa Santa Famiglia sorge un’altra e più profonda domanda: come può quel piccolo e debole Bambino avere portato una novità così radicale nel mondo da cambiare il corso della storia? Non c’è forse qualcosa di misterioso nella sua origine che va al di là di quella grotta?"

"Nei quattro Vangeli emerge con chiarezza la risposta alla domanda 'da dove' viene Gesù: la sua vera origine è il Padre, Dio; Egli proviene totalmente da Lui, ma in un modo diverso da qualsiasi profeta o inviato da Dio che l’hanno preceduto. Questa origine dal mistero di Dio, 'che nessuno conosce', è contenuta già nei racconti dell’infanzia dei Vangeli di Matteo e di Luca, che stiamo leggendo in questo tempo natalizio. L’angelo Gabriele annuncia: 'Lo Spirito scenderà su di te, e la potenza dell’Altissimo ti coprirà con la sua ombra. Perciò colui che nascerà sarà santo e chiamato Figlio di Dio'". leggere...

Benoît XVI : si nous nous sentons souvent faibles, pauvres, incapables de faire face aux difficultés et au mal du monde, la puissance de Dieu agit toujours et c’est justement dans la fragilité qu’il accomplit des merveilles.

BENOIT XVI: D’OU VIENT JESUS?
Cité du Vatican, 2 janvier 2012 (VIS). Au cours de la catéchèse de la première audience générale de l’année 2013 qui s’est déroulée dans la Salle Paul VI en présence de quelque 7.000 personnes, le Saint-Père a évoqué la Nativité, "une nouveauté radicale capable de changer le cours de l’histoire", et l’origine de Jésus. La naissance du Seigneur, a dit Benoît XVI, "éclaire une fois encore de sa lumière les ténèbres qui enveloppent souvent notre monde et nos coeurs, et apporte l’espérance et la joie. D'où vient cette lumière? De la grotte de Bethléem, où les bergers trouvèrent Marie et Joseph, et l'enfant étendu dans la mangeoire. Devant la Sainte Famille, une autre question plus profonde se pose: comment cet enfant petit et faible, peut avoir apporté une nouveauté radicale dans le monde au point de changer le cours de l'histoire? N'y-a-t’il pas peut-être quelque chose de mystérieux dans son origine qui va au-delà de cette grotte?".lire...

BENEDICTO XVI: Para Dios no hay nada imposible! Con Él nuestra existencia camina siempre en terreno seguro y está abierta a un futuro de esperanza firme.

BENEDICTO XVI: "¿DE DÓNDE VIENE JESÚS?"
Ciudad del Vaticano, 2 de enero 2012 (VIS).- Durante la catequesis de la primera audiencia general del año 2013, celebrada en el Aula de Paulo VI con asistencia de 7.000 personas, el Santo Padre trató el tema de la Navidad, "una novedad tan radical capaz de cambiar el curso de la historia", y del origen de Jesús.

La Natividad del Señor, comentó el Santo Padre, "ilumina una vez más con su luz las tinieblas que a menudo rodean nuestro mundo y nuestros corazones, trayendo esperanza y alegría. ¿De dónde viene la luz? De la cueva de Belén, donde los pastores encontraron a "María y a José, y al Niño acostado en un pesebre". Frente a esta Sagrada Familia surge otra y más profunda pregunta: ¿cómo puede ese Niño pequeño y débil traer una novedad tan radical en el mundo que es capaz de cambiar el curso de la historia? ¿No hay algo misterioso en su origen, que va más allá de aquella cueva? "

"En los cuatro Evangelios está claro que la respuesta a la pregunta "de dónde" viene Jesús: su verdadero origen es el Padre, Él viene enteramente de Él, pero de una manera diferente a la de cualquier profeta o enviado de Dios que le precedió. Este origen en el misterio de Dios, "que nadie conoce", ya está contenido en los relatos de la infancia de los Evangelios de Mateo y Lucas, que estamos leyendo en este tiempo de Navidad. El ángel Gabriel anuncia: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios".

"Repetimos estas palabras cada vez que rezamos el Credo, la profesión de fe: "et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine", "y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen". En esta frase nos arrodillamos porque el velo que ocultaba Dios es, por así decirlo, abierto y su misterio insondable e inaccesible nos conmueve: Dios se hace el Emmanuel, "Dios con nosotros". "Cuando escuchamos las Misas compuestas por los grandes maestros de la música sacra, pienso por ejemplo, en la Misa de la Coronación de Mozart, de inmediato notamos cómo se detienen especialmente en esta frase, casi queriendo tratar de expresar con el lenguaje universal de la música lo que las palabras no pueden manifestar: el gran misterio de Dios que se encarna, se hace hombre".

"Esta afirmación del Credo no hace referencia al ser eterno de Dios, sino que nos habla de una acción en la que toman parte las tres Personas divinas, y que se realiza "ex Maria Virgine". Sin ella, la entrada de Dios en la historia de la humanidad no habría llegado a su fin, y no hubiera tenido lugar aquello que es central en nuestra Profesión de fe: Dios es un Dios con nosotros. Así María pertenece en modo irrenunciable a nuestra fe en el Dios que actúa, que entra en la historia. Ella ofrece toda su persona, "acepta" convertirse en el lugar de la morada de Dios".

"A veces, incluso en el camino y la vida de la fe podemos sentir nuestra pobreza, nuestra incapacidad ante el testimonio que debemos ofrecer al mundo. Pero Dios eligió precisamente una humilde mujer, en un pueblo desconocido, en una de las provincias más lejanas del gran Imperio Romano. Siempre, aun en medio de las dificultades más arduas que hay que afrontar, debemos confiar en Dios, renovando la fe en su presencia y acción en nuestra historia, como en la de María. ¡Para Dios no hay nada imposible! Con Él nuestra existencia camina siempre en terreno seguro y está abierta a un futuro de esperanza firme".

"Lo que sucede en María, a través de la acción del mismo Espíritu Santo, es una nueva creación: Dios que ha llamado el ser de la nada, con la Encarnación da vida a un nuevo inicio de la humanidad. Los Padres de la Iglesia repetidamente hablan de Cristo como del nuevo Adán, para subrayar el comienzo de la nueva creación con el nacimiento del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María. Esto nos hace pensar en cómo la fe supone también en nosotros una novedad tan fuerte como para producir un segundo nacimiento. De hecho, al inicio del ser cristiano está el bautismo que nos hace renacer como hijos de Dios, nos hace participar en la relación filial que Jesús tiene con el Padre. Y me gustaría señalar que el Bautismo se recibe, nosotros "somos bautizados" -es un pasivo- porque nadie es capaz de convertirse en hijo de Dios por sí mismo: es un don que viene conferido gratuitamente (...) Sólo si nos abrimos a la acción de Dios, como María, sólo si confiamos nuestra vida al Señor como a un amigo en quien confiamos totalmente, todo cambia, nuestra vida adquiere un nuevo sentido y un nuevo rostro: el de los hijos de un Padre que nos ama y nunca nos abandona".

"Hay otro elemento en las palabras de la Anunciación. El ángel dice a María: "El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra". Es un recordatorio de la nube santa, que, durante el viaje del Éxodo, se detenía sobre la tienda de la reunión, sobre el arca de la alianza, que el pueblo de Israel llevaba consigo, y que indicaba la presencia de Dios. María es el nueva tienda santa, la nueva arca de la alianza: con su "sí" a las palabras del arcángel, Dios recibe un hogar en este mundo. Aquel que el universo no puede contener ha venido a morar en el seno de una virgen".

"Volvamos a la pregunta con la que comenzamos, la del origen de Jesús, sintetizada por la pregunta de Pilato: "¿De dónde eres tú?" De nuestras reflexiones aparece claro, desde el principio de los Evangelios, cuál es el verdadero origen de Jesús: Él es el Hijo Unigénito del Padre, viene de Dios. Estamos en frente del gran y desconcertante misterio que celebramos en este tiempo de Navidad: el Hijo de Dios, el Espíritu Santo, se encarnó en el seno de la Virgen María. Y este es un anuncio que resuena siempre nuevo y que lleva en sí mismo esperanza y alegría a nuestros corazones, porque cada vez nos da la certeza de que, a pesar de que a menudo nos sentimos débiles, pobres, incapaces de hacer frente a las dificultades y al mal del mundo, el poder de Dios actúa siempre y obra maravillas precisamente en la debilidad. Su gracia es nuestra fuerza ".